UN MOMENTO CON DIOS
El Pacto de Dios y Sus
promesas
Génesis 28. 10 – 20 nos presenta a Jacob en uno de los momentos más vulnerables de su vida. Sale huyendo, solo, con temor y cargando el peso de sus decisiones pasadas. No va rumbo a un lugar sagrado, sino a lo desconocido. Sin embargo, es precisamente allí, en medio del camino, donde Dios decide revelarse. Esto nos recuerda que el Señor no está limitado a templos ni a circunstancias ideales; Él sale al encuentro del ser humano cuando más lo necesita.
En su sueño, Jacob ve una
escalera que une el cielo y la tierra, con ángeles que suben y bajan, y al
Señor que se revela como el Dios fiel a las promesas hechas a Abraham e Isaac.
Dios no le reprocha su engaño ni su huida, sino que le reafirma Su pacto:
presencia, protección, descendencia y bendición. Esta escena muestra que la
gracia de Dios precede al arrepentimiento y que Su fidelidad no depende de los
méritos humanos.
La declaración divina “Yo
estoy contigo” es el centro del pasaje. Jacob, que se siente solo y
desprotegido, recibe la seguridad de que Dios camina con él. El lugar que
parecía ordinario se convierte en Betel, “casa de Dios”. Esto nos enseña que
cuando Dios se manifiesta, los desiertos se transforman en lugares de encuentro
y esperanza.
Al despertar, Jacob reconoce
con asombro: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía”. Esta
confesión refleja una realidad frecuente en nuestra vida espiritual: Dios está
presente aun cuando no lo percibimos. El temor reverente que surge en Jacob no
es miedo, sino reconocimiento de la santidad y cercanía de Dios.
El voto que Jacob hace no es
una negociación, sino una respuesta a la revelación divina. Al erigir la piedra
como señal y consagrar el lugar, Jacob inicia un proceso de transformación
espiritual. Dios no solo se le revela, sino que comienza a formar su carácter.
Este pasaje nos invita a
confiar en que Dios se revela en los momentos de incertidumbre. Cuando
caminamos sin rumbo claro, Él se presenta como guía y refugio. Génesis 28. 10 –
20 nos asegura que ningún camino es demasiado solitario para que Dios no pueda
convertirlo en un lugar de encuentro con Su gracia.
Dios les bendiga
abundantemente

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