UN MOMENTO CON DIOS
Las promesas de Dios en Su
tiempo perfecto
Génesis 41 marca un giro decisivo en la vida de José. Después de años de olvido, injusticia y encierro, “Faraón envió y llamó a José, y lo sacaron apresuradamente de la cárcel”. Este versículo nos recuerda que cuando Dios decide cumplir Sus propósitos, ninguna prisión, demora ni silencio pueden impedir Su obra. Los sueños que José recibió en su juventud no fueron producto de su ambición, sino revelaciones divinas que debían cumplirse en el tiempo establecido por Dios.
José sale de la cárcel no con
resentimiento, sino con un corazón humilde y dispuesto. Al presentarse ante
Faraón, deja claro que la interpretación de los sueños no proviene de él, sino
de Dios. Esta actitud revela una fe madura: José entiende que su don no es para
exaltarse, sino para glorificar a Dios. El cumplimiento de los sueños no
comienza con el poder, sino con la fidelidad en la adversidad.
Los sueños de Faraón,
interpretados por José, confirman que Dios no solo gobierna la vida personal,
sino también la historia de las naciones. Las vacas y espigas anuncian años de
abundancia y de hambre, y José, guiado por la sabiduría divina, propone un plan
de administración que salvaría a muchos pueblos. Aquí se cumple otra parte del
propósito de Dios: José no solo sería exaltado, sino instrumento de provisión y
vida.
El momento culminante llega
cuando Faraón reconoce la mano de Dios en José y lo eleva al segundo puesto de
autoridad en Egipto. El joven despreciado por sus hermanos ahora gobierna una
nación poderosa. Lo que parecía un retraso fue, en realidad, preparación. Cada
prueba formó el carácter necesario para administrar el cumplimiento de los
sueños sin orgullo ni venganza.
Este pasaje nos enseña que los
sueños que Dios da no se cumplen de manera inmediata, sino a través de procesos
que fortalecen la fe y purifican el corazón. Dios no se apresura, pero tampoco
se olvida. Su tiempo es perfecto.
La historia de José nos invita
a confiar cuando no vemos resultados. Tal vez hoy estamos en una “cárcel” de
espera o silencio, pero Dios sigue obrando. Cuando llegue el momento señalado,
Él abrirá la puerta y mostrará que cada lágrima tuvo propósito.
Génesis 41 nos asegura que
Dios cumple lo que promete, y cuando lo hace, no solo exalta al creyente, sino
que bendice a muchos a través de él. Confiar en Dios es creer que los sueños
puestos por Él jamás serán en vano.
Dios les bendiga
abundantemente.

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