UN MOMENTO CON DIOS
Los Diez Mandamientos, un
Límite de Amor
Éxodo 20
A menudo vemos las "reglas" como restricciones que nos quitan libertad. Sin embargo, en Éxodo 20, Dios no entrega una lista de prohibiciones para encarcelarnos, sino una hoja de ruta para protegernos. Después de rescatar a Israel de la esclavitud, Dios les da los Diez Mandamientos no para que fueran libres, sino porque ya eran libres y necesitaban saber cómo vivir en esa libertad.
Antes de dar el primer
mandamiento, Dios establece Su identidad: «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué
de la tierra de Egipto» (v.1 2).
Este es el punto crucial: La
relación precede a la regla. Dios no nos pide obediencia para ganarnos Su amor;
nos da Sus mandamientos porque ya nos ama y nos ha rescatado. Las leyes de Dios
son el "manual del fabricante"; Él sabe cómo funciona mejor el
corazón humano y qué cosas lo destruyen.
Los mandamientos se dividen
tradicionalmente en dos tablas que resumen la vida plena:
Nuestra relación con Dios
(1-4): Establecen la exclusividad y el respeto hacia el Creador. Al no tener
ídolos, protegemos nuestro corazón de poner cosas temporales en el lugar que
solo Dios puede llenar.2
Nuestra relación con el
prójimo (5-10): Protegen la familia, la vida, el matrimonio, la propiedad y la
verdad. Son el fundamento de una sociedad sana y justa.
Al leer Éxodo 20, es fácil
sentirse abrumado. ¿Quién puede decir que nunca ha codiciado o que siempre ha
puesto a Dios en primer lugar? Aquí es donde las reglas de Dios cumplen su
función más profunda: nos muestran nuestra necesidad de un Salvador.
El pueblo, al ver los truenos
y el monte humeando, tuvo miedo y se mantuvo alejado. Ellos entendieron que la
santidad de Dios es seria. Las reglas nos revelan que no podemos alcanzar la
perfección por nuestro propio esfuerzo, dirigiéndonos a la necesidad de la
gracia que más tarde se revelaría plenamente en Jesús.
Las reglas de Dios son como
las barandillas de un puente: no están ahí para impedir que caminemos, sino
para evitar que caigamos al abismo.
Cambiemos nuestra perspectiva:
En lugar de ver "No harás", intentemos ver "Yo te protejo
de...". Por ejemplo, el mandato de no mentir nos protege de la red de la
falsedad que destruye la confianza.
Examinemos nuestras prioridades:
¿Hay algún "ídolo" moderno (trabajo, imagen, dinero) que esté
ocupando el primer lugar hoy?
Dios les bendiga
abundantemente.

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