domingo, 25 de enero de 2026

Un momento... Los Diez Mandamientos, un límite de amor

 


UN MOMENTO CON DIOS

Los Diez Mandamientos, un Límite de Amor

 

Éxodo 20

 

A menudo vemos las "reglas" como restricciones que nos quitan libertad. Sin embargo, en Éxodo 20, Dios no entrega una lista de prohibiciones para encarcelarnos, sino una hoja de ruta para protegernos. Después de rescatar a Israel de la esclavitud, Dios les da los Diez Mandamientos no para que fueran libres, sino porque ya eran libres y necesitaban saber cómo vivir en esa libertad.

Antes de dar el primer mandamiento, Dios establece Su identidad: «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto» (v.1 2).

Este es el punto crucial: La relación precede a la regla. Dios no nos pide obediencia para ganarnos Su amor; nos da Sus mandamientos porque ya nos ama y nos ha rescatado. Las leyes de Dios son el "manual del fabricante"; Él sabe cómo funciona mejor el corazón humano y qué cosas lo destruyen.

Los mandamientos se dividen tradicionalmente en dos tablas que resumen la vida plena:

Nuestra relación con Dios (1-4): Establecen la exclusividad y el respeto hacia el Creador. Al no tener ídolos, protegemos nuestro corazón de poner cosas temporales en el lugar que solo Dios puede llenar.2

Nuestra relación con el prójimo (5-10): Protegen la familia, la vida, el matrimonio, la propiedad y la verdad. Son el fundamento de una sociedad sana y justa.

Al leer Éxodo 20, es fácil sentirse abrumado. ¿Quién puede decir que nunca ha codiciado o que siempre ha puesto a Dios en primer lugar? Aquí es donde las reglas de Dios cumplen su función más profunda: nos muestran nuestra necesidad de un Salvador.

El pueblo, al ver los truenos y el monte humeando, tuvo miedo y se mantuvo alejado. Ellos entendieron que la santidad de Dios es seria. Las reglas nos revelan que no podemos alcanzar la perfección por nuestro propio esfuerzo, dirigiéndonos a la necesidad de la gracia que más tarde se revelaría plenamente en Jesús.

Las reglas de Dios son como las barandillas de un puente: no están ahí para impedir que caminemos, sino para evitar que caigamos al abismo.

Cambiemos nuestra perspectiva: En lugar de ver "No harás", intentemos ver "Yo te protejo de...". Por ejemplo, el mandato de no mentir nos protege de la red de la falsedad que destruye la confianza.

Examinemos nuestras prioridades: ¿Hay algún "ídolo" moderno (trabajo, imagen, dinero) que esté ocupando el primer lugar hoy?

Dios les bendiga abundantemente.

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