UN MOMENTO CON DIOS
Una prueba de fe
Génesis 22 nos presenta una de las escenas más profundas y desafiantes de toda la Biblia: Dios ordena a Abraham ofrecer en sacrificio a su hijo Isaac, el hijo de la promesa, aquel por medio del cual Dios había dicho que levantaría una descendencia innumerable. Este mandato, incomprensible a la luz humana, revela una verdad central: la fe auténtica es probada para ser purificada y fortalecida.
Abraham había esperado largos
años para ver nacer a Isaac. Había visto la intervención milagrosa de Dios
cuando todo parecía imposible. Sin embargo, ahora Dios le pide entregar aquello
que más amaba, aquello que representaba la promesa misma. La prueba no
consistía solo en el sacrificio, sino en ver si Abraham confiaba en Dios por
encima del don recibido. ¿Amaba más al Dador o al regalo?
La reacción de Abraham es
impactante: obedeció temprano en la mañana, sin protestas, sin negociar, sin
retrasos. Su obediencia revela una fe madura, una confianza tan profunda que
podía avanzar incluso sin entender. En Hebreos se nos dice que Abraham creyó
que Dios podía resucitar a Isaac si fuese necesario. Ese es el nivel de fe que
Génesis 22 manifiesta: una confianza absoluta en el carácter de Dios.
Cuando Isaac pregunta por el
cordero para el sacrificio, Abraham responde: “Dios se proveerá de cordero.” En
esta frase se resume toda una teología: Dios provee, Dios sostiene, Dios
cumple. Y así fue. En el momento exacto, cuando la prueba llegó al límite, Dios
intervino y detuvo la mano de Abraham. El altar no se convirtió en un lugar de
muerte, sino en un testimonio eterno de provisión: Jehová-jireh, “el Señor
proveerá”.
Génesis 22 también apunta
hacia Cristo. Isaac, cargando la leña, prefigura al Hijo amado que también
subiría un monte para ofrecerse. Solo que, en esa ocasión, no habría un
sustituto para Jesús; Él mismo sería el Cordero provisto por Dios para nuestra
salvación.
La prueba de Abraham nos
enseña que la fe verdadera se rinde por completo. Dios no busca quitarnos lo
que amamos, sino asegurarse de que Él sea siempre el primero en nuestro
corazón. Cuando confiamos plenamente, descubrimos que, en el monte de la
obediencia, Dios siempre provee.
Dios les bendiga
abundantemente.

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