miércoles, 7 de enero de 2026

Un momento... Una prueba de fe

 


UN MOMENTO CON DIOS

Una prueba de fe

 

Génesis 22 nos presenta una de las escenas más profundas y desafiantes de toda la Biblia: Dios ordena a Abraham ofrecer en sacrificio a su hijo Isaac, el hijo de la promesa, aquel por medio del cual Dios había dicho que levantaría una descendencia innumerable. Este mandato, incomprensible a la luz humana, revela una verdad central: la fe auténtica es probada para ser purificada y fortalecida.

Abraham había esperado largos años para ver nacer a Isaac. Había visto la intervención milagrosa de Dios cuando todo parecía imposible. Sin embargo, ahora Dios le pide entregar aquello que más amaba, aquello que representaba la promesa misma. La prueba no consistía solo en el sacrificio, sino en ver si Abraham confiaba en Dios por encima del don recibido. ¿Amaba más al Dador o al regalo?

La reacción de Abraham es impactante: obedeció temprano en la mañana, sin protestas, sin negociar, sin retrasos. Su obediencia revela una fe madura, una confianza tan profunda que podía avanzar incluso sin entender. En Hebreos se nos dice que Abraham creyó que Dios podía resucitar a Isaac si fuese necesario. Ese es el nivel de fe que Génesis 22 manifiesta: una confianza absoluta en el carácter de Dios.

Cuando Isaac pregunta por el cordero para el sacrificio, Abraham responde: “Dios se proveerá de cordero.” En esta frase se resume toda una teología: Dios provee, Dios sostiene, Dios cumple. Y así fue. En el momento exacto, cuando la prueba llegó al límite, Dios intervino y detuvo la mano de Abraham. El altar no se convirtió en un lugar de muerte, sino en un testimonio eterno de provisión: Jehová-jireh, “el Señor proveerá”.

Génesis 22 también apunta hacia Cristo. Isaac, cargando la leña, prefigura al Hijo amado que también subiría un monte para ofrecerse. Solo que, en esa ocasión, no habría un sustituto para Jesús; Él mismo sería el Cordero provisto por Dios para nuestra salvación.

La prueba de Abraham nos enseña que la fe verdadera se rinde por completo. Dios no busca quitarnos lo que amamos, sino asegurarse de que Él sea siempre el primero en nuestro corazón. Cuando confiamos plenamente, descubrimos que, en el monte de la obediencia, Dios siempre provee.

Dios les bendiga abundantemente.

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