UN MOMENTO CON DIOS
Renovación, obediencia y
presencia de Dios
Génesis 35. 1 – 14 nos muestra un momento clave en la vida de Jacob: el llamado de Dios a volver a Betel. Aquel lugar no era nuevo; allí Jacob había tenido su primer gran encuentro con Dios cuando huía solo y lleno de temor. Ahora regresa como Israel, con familia, bienes y una historia marcada por luchas y promesas cumplidas. Volver a Betel simboliza volver al primer amor, al compromiso inicial y a la obediencia renovada.
Dios le ordena a Jacob que se
levante, suba a Betel y haga allí un altar. Pero antes de adorar, Jacob
entiende que es necesario un proceso de purificación. Ordena a su familia
deshacerse de los dioses ajenos, limpiarse y cambiar sus vestidos. La presencia
de Dios no se mezcla con la idolatría ni con un corazón dividido. Este acto
enseña que la verdadera adoración comienza con arrepentimiento y santidad.
Mientras obedecen, el texto
señala que el temor de Dios cae sobre las ciudades vecinas, y nadie los
persigue. La protección divina acompaña al que camina en obediencia. No fue la
fuerza de Jacob la que los guardó, sino la mano de Dios. Cuando respondemos al
llamado del Señor, Él se encarga de nuestro cuidado.
En Betel, Dios se aparece
nuevamente a Jacob, reafirma su nuevo nombre, Israel, y renueva el pacto hecho
a Abraham e Isaac. Le recuerda que será padre de naciones y que reyes saldrán
de él. Dios no solo llama al arrepentimiento, sino que restaura identidad y
propósito. El pasado no define el futuro cuando Dios habla.
Jacob responde levantando un
pilar y derramando ofrenda y aceite, reconociendo la santidad del lugar y la
fidelidad de Dios. Betel vuelve a ser casa de Dios, no solo un recuerdo, sino
una experiencia viva.
Este pasaje nos invita a
examinar nuestra propia vida espiritual. ¿Necesitamos volver a Betel? ¿Hay
ídolos que abandonar, actitudes que purificar, compromisos que renovar? Dios
sigue llamándonos a subir, a limpiar el corazón y a adorarle con sinceridad.
Cuando obedecemos y regresamos
al lugar del encuentro con Dios, Él renueva Sus promesas, fortalece nuestra fe
y nos recuerda quiénes somos en Él. Volver a Betel es volver a vivir bajo la
gracia, la dirección y la presencia transformadora de Dios.
Dios les bendiga
abundantemente.

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