lunes, 12 de enero de 2026

Un momento... Renovación, obediencia y presencia de Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

Renovación, obediencia y presencia de Dios

 

Génesis 35. 1 – 14 nos muestra un momento clave en la vida de Jacob: el llamado de Dios a volver a Betel. Aquel lugar no era nuevo; allí Jacob había tenido su primer gran encuentro con Dios cuando huía solo y lleno de temor. Ahora regresa como Israel, con familia, bienes y una historia marcada por luchas y promesas cumplidas. Volver a Betel simboliza volver al primer amor, al compromiso inicial y a la obediencia renovada.

Dios le ordena a Jacob que se levante, suba a Betel y haga allí un altar. Pero antes de adorar, Jacob entiende que es necesario un proceso de purificación. Ordena a su familia deshacerse de los dioses ajenos, limpiarse y cambiar sus vestidos. La presencia de Dios no se mezcla con la idolatría ni con un corazón dividido. Este acto enseña que la verdadera adoración comienza con arrepentimiento y santidad.

Mientras obedecen, el texto señala que el temor de Dios cae sobre las ciudades vecinas, y nadie los persigue. La protección divina acompaña al que camina en obediencia. No fue la fuerza de Jacob la que los guardó, sino la mano de Dios. Cuando respondemos al llamado del Señor, Él se encarga de nuestro cuidado.

En Betel, Dios se aparece nuevamente a Jacob, reafirma su nuevo nombre, Israel, y renueva el pacto hecho a Abraham e Isaac. Le recuerda que será padre de naciones y que reyes saldrán de él. Dios no solo llama al arrepentimiento, sino que restaura identidad y propósito. El pasado no define el futuro cuando Dios habla.

Jacob responde levantando un pilar y derramando ofrenda y aceite, reconociendo la santidad del lugar y la fidelidad de Dios. Betel vuelve a ser casa de Dios, no solo un recuerdo, sino una experiencia viva.

Este pasaje nos invita a examinar nuestra propia vida espiritual. ¿Necesitamos volver a Betel? ¿Hay ídolos que abandonar, actitudes que purificar, compromisos que renovar? Dios sigue llamándonos a subir, a limpiar el corazón y a adorarle con sinceridad.

Cuando obedecemos y regresamos al lugar del encuentro con Dios, Él renueva Sus promesas, fortalece nuestra fe y nos recuerda quiénes somos en Él. Volver a Betel es volver a vivir bajo la gracia, la dirección y la presencia transformadora de Dios.

Dios les bendiga abundantemente.

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