lunes, 15 de diciembre de 2025

Un momento... Gracia para esperar en el Señor

 


UN MOMENTO CON DIOS

Gracia para esperar en el Señor

 

“Pacientemente esperé al Señor, y Él se inclinó a mí y oyó mi clamor” (Salmo 40. 1)

 

Esperar en el Señor no es una pasividad resignada, sino una postura activa de fe. En una cultura que valora la inmediatez, la espera parece una pérdida. Pero en el Reino de Dios, esperar es confiar, es rendirse, es reconocer que los tiempos de Dios son perfectos y que su voluntad es buena, agradable y perfecta (Romanos 12. 2)

El salmista declara: “Pacientemente esperé al Señor, y Él se inclinó a mí y oyó mi clamor” (Salmo 40. 1). Esta espera no es vacía; está llena de oración, de búsqueda, de dependencia. Es en la espera donde el carácter se forma, donde la fe se purifica, donde aprendemos a descansar en la fidelidad de Dios más allá de las circunstancias.

Esperar en el Señor es gracia, porque no nace de nuestra fuerza, sino de su Espíritu obrando en nosotros. Isaías lo afirma con poder: “Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40. 31). La espera en Dios renueva, fortalece, transforma.

Muchas veces, en la espera, Dios no cambia la situación, sino que nos cambia a nosotros. Nos enseña a soltar el control, a confiar en su soberanía, a reconocer que su silencio no es ausencia, sino preparación. En la espera, aprendemos a ver con ojos eternos, a valorar lo invisible, a cultivar la esperanza que no defrauda (Romanos 5. 5)

Jesús mismo esperó. Esperó treinta años para comenzar su ministerio. Esperó en oración antes de elegir a sus discípulos. Esperó en silencio ante sus acusadores. Su vida nos enseña que la espera puede ser santa, fructífera, llena de propósito.

La gracia de esperar en el Señor nos libera del afán, nos ancla en la paz, nos conecta con la eternidad. No es fácil, pero es glorioso. Porque en la espera, Dios obra en lo profundo, prepara caminos, abre puertas, y revela su fidelidad.

Dios les bendiga abundantemente.

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