jueves, 4 de diciembre de 2025

Un momento... Un solo Señor, una fe

 


UN MOMENTO CON DIOS

Un solo Señor, una fe

 

“Un solo Señor, una fe, un solo bautismo”. (Efesios 4. 5)

 

 

El apóstol Pablo declara: “Un solo Señor, una fe, un solo bautismo”. Esta frase breve, pero cargada de profundidad, nos recuerda que la vida cristiana se fundamenta en una verdad absoluta y en una unidad esencial que no depende de opiniones humanas, sino del mismo Dios.

Cuando la Escritura afirma que hay un solo Señor, está proclamando que Jesucristo es el único Soberano y Salvador. No existen varios caminos iguales hacia Dios ni múltiples verdades que se complementen; solo Él es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14. 6). Reconocer a Jesús como Señor implica rendirle todo nuestro ser, aceptar Su autoridad sobre nuestras decisiones, nuestras prioridades y nuestro futuro.

Asimismo, una sola fe no se refiere a una tradición religiosa específica, sino a la confianza plena en la obra redentora de Cristo. No hay dos o más maneras de ser salvos: todos somos rescatados por el mismo sacrificio en la cruz, por la misma gracia, y mediante la misma fe. Esta fe es el puente que nos une con Dios, nos transforma y nos lleva a vivir de manera coherente con el Evangelio.

En un mundo marcado por la división, la relatividad de valores y la proliferación de doctrinas confusas, esta declaración es un llamado urgente a la unidad del pueblo de Dios. La unidad no significa uniformidad en costumbres o estilos, sino estar de acuerdo en lo esencial: Jesús es el Señor y Su Palabra es la verdad que nos guía. Esta convicción debe ser más fuerte que cualquier diferencia cultural, social o denominacional.

Vivir bajo la confesión de un solo Señor y una sola fe también nos libra del peligro de la autosuficiencia espiritual. Nos recuerda que no nos salvamos por nuestras obras, ni por méritos personales, ni por pertenecer a un grupo específico, sino por la gracia de Dios manifestada en Cristo. Esto nos humilla, nos iguala y nos une como hermanos.

Finalmente, este llamado es también un compromiso. Si reconocemos a un solo Señor, no podemos servir a dos amos; si tenemos una sola fe, debemos guardarla, nutrirla y vivirla. Que esta verdad nos inspire a caminar en integridad, a mantenernos firmes en la sana doctrina y a amar a nuestros hermanos, recordando que, aunque somos muchos miembros, formamos un solo cuerpo bajo el señorío de Cristo.

Dios les bendiga abundantemente.

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