UN MOMENTO CON DIOS
Jesús nos llama a tener una fe
viva
“Yo soy la vid, ustedes son las ramas. El que permanece en mí, y yo en él, dará mucho fruto” (Juan 15. 5)
La fe viva no es simplemente
creer en la existencia de Dios, sino confiar, obedecer y caminar con Él cada
día. Jesús no vino a establecer una religión muerta, basada en rituales vacíos,
sino a encender una relación viva, dinámica y transformadora con el Padre. Su
llamado es claro: “Yo soy la vid, ustedes son las ramas. El que permanece en mí,
y yo en él, dará mucho fruto” (Juan 15. 5)
La fe viva permanece, da
fruto, y transforma.
Santiago lo expresa con
firmeza: “La fe sin obras está muerta” (Santiago 2. 26) No porque las obras nos
salven, sino porque la fe verdadera produce acción. Una fe viva se traduce en
compasión, en justicia, en perdón, en valentía. Es una fe que se ve, que se
siente, que impacta.
Jesús admiró la fe de quienes
se acercaban a Él con confianza. El centurión que dijo “solo di la palabra”
(Mateo 8. 8), la mujer que tocó su manto creyendo que sería sanada (Marcos
5:28), los amigos que bajaron al paralítico por el techo (Lucas 5. 19). En
todos ellos, Jesús vio una fe viva: activa, humilde, persistente.
Una fe viva no se apaga en la
prueba. Al contrario, se fortalece. Pedro nos recuerda que “la prueba de
vuestra fe, más preciosa que el oro… resulte en alabanza, gloria y honra cuando
Jesucristo sea manifestado” (1 Pedro 1. 7). La fe viva atraviesa el fuego y
sale purificada. No se basa en emociones, sino en convicciones profundas.
Jesús nos llama a creerle, no
solo a creer en Él. A confiar en sus promesas, a caminar por fe y no por vista
(2 Corintios 5. 7). Esta fe nos sostiene cuando todo parece incierto, nos guía
cuando no hay claridad, nos da paz en medio de la tormenta.
La fe viva también se
alimenta. Se fortalece en la Palabra, en la oración, en la comunión con otros
creyentes. Es como una semilla que crece cuando se cultiva. No es estática,
sino creciente. “El justo vivirá por la fe” (Habacuc 2. 4), y esa vida es una
aventura de confianza, obediencia y esperanza.
Dios les bendiga
abundantemente.

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