UN MOMENTO CON DIOS
Noticias de gran
alegría
“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”. (Lucas 2. 14)
En la noche silenciosa de
Belén, Dios rompió la oscuridad del mundo con un anuncio que cambiaría la
historia para siempre. El ángel declaró a los pastores: “No temáis, porque he
aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido
hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2. 10 -
11). Estas palabras son más que un mensaje histórico: son una proclamación viva
que sigue resonando hasta hoy.
La Navidad es la celebración
de esa “gran alegría” que Dios envió a la humanidad. No se trató de una alegría
superficial, basada en circunstancias favorables, sino de un gozo profundo,
eterno y transformador. Esta noticia trajo esperanza a un pueblo que vivía bajo
opresión, miedo y silencio profético por siglos. En Jesús, el Creador se hizo
hombre, la eternidad entró en el tiempo, y la promesa se hizo carne.
Es importante notar que este
anuncio no fue dado en palacios ni en templos, sino en campos, a pastores
humildes y despreciados socialmente. Dios escogió a los sencillos para recibir
primero las buenas noticias, recordándonos que la Navidad no es un privilegio
de unos pocos, sino un regalo para todos. La “gran alegría” no conoce barreras
de clase, raza o cultura; está disponible para todo corazón dispuesto a
recibirla.
En un mundo que busca
felicidad en lo material y pasajero, la Navidad nos recuerda que la verdadera
alegría no proviene de lo que tenemos, sino de quién nos ha sido dado: Jesús,
el Salvador. Él trae paz al alma, perdón a los culpables, libertad a los
oprimidos y luz a los que viven en tinieblas.
Sin embargo, recibir esta
noticia no es suficiente; hay que responder como los pastores: dejar nuestras
ocupaciones, buscar al Salvador y adorarlo. Ellos no guardaron el mensaje para
sí, sino que lo compartieron con gozo. Así, la Navidad también es un llamado a
anunciar lo que hemos visto y oído: que Cristo ha venido para salvar al mundo.
Hoy, en medio de crisis,
incertidumbre y dolor, esta noticia sigue siendo actual: “Os ha nacido un
Salvador”. Esa es la razón de nuestra alegría, una alegría que no se apaga con
las pruebas, porque está anclada en la obra de Dios y en la esperanza de vida
eterna.
Que esta Navidad podamos
recibir y compartir esa gran noticia, y que nuestro corazón cante con los
ángeles: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad
para con los hombres!”.
Dios les bendiga
abundantemente.

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