UN MOMENTO CON DIOS
La profecía cumplida
“Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel”. (Mateo 2. 6)
Este versículo nos muestra la
profecía anunciada sobre el nacimiento del Mesías, ya anunciada en Miqueas 5.
2. Cómo Dios escoge lo pequeño, lo humilde y lo que el mundo desprecia para
manifestar su gloria y cumplir sus propósitos eternos.
Belén era un pueblo
insignificante en comparación con Jerusalén o con otras ciudades importantes,
pero allí nació Jesús, el Salvador del mundo. Este detalle nos recuerda que los
planes de Dios no dependen de la grandeza humana ni del poder terrenal. Él se
complace en exaltar lo débil y en mostrar que su fuerza se perfecciona en la
humildad. La llegada de Jesús a Belén es un mensaje para cada uno de nosotros:
Dios puede obrar en nuestra vida, aunque nos sintamos pequeños o incapaces,
porque Él es quien da valor y propósito a nuestra existencia.
El pasaje también subraya que
Jesús es el verdadero pastor que apacentará a su pueblo. A diferencia de los
líderes terrenales que muchas veces buscan su propio interés, Cristo vino a
guiar, cuidar y dar su vida por sus ovejas. Él es el cumplimiento de las
promesas hechas por Dios a Israel y, a la vez, la esperanza para toda la
humanidad. Su reinado no se basa en armas ni en ejércitos, sino en la justicia,
la verdad y el amor.
Al reflexionar en estas
palabras, entendemos que el nacimiento de Jesús no es un hecho aislado en la
historia, sino la manifestación del plan divino que había sido anunciado desde
los profetas. Dios cumple sus promesas en su tiempo y de la manera menos
esperada por los hombres. Así, lo que parecía un detalle irrelevante, que el
Mesías naciera en una aldea pequeña, se convierte en señal de que su reino no es
de este mundo.
Esto nos invita a confiar en
la fidelidad de Dios y a reconocer a Jesús como nuestro pastor y guía. Nos
desafía a no menospreciar lo pequeño ni lo sencillo, porque allí Dios puede
revelar su grandeza. Belén nos recuerda que la esperanza del mundo vino en
forma de humildad, y que en Cristo tenemos al Rey y Pastor que nunca abandona a
su pueblo.
Dios les bendiga
abundantemente.

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