domingo, 21 de diciembre de 2025

Un momento... La profecía cumplida

 


UN MOMENTO CON DIOS

La profecía cumplida

 

 “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel”. (Mateo 2. 6)

 

Este versículo nos muestra la profecía anunciada sobre el nacimiento del Mesías, ya anunciada en Miqueas 5. 2. Cómo Dios escoge lo pequeño, lo humilde y lo que el mundo desprecia para manifestar su gloria y cumplir sus propósitos eternos.

Belén era un pueblo insignificante en comparación con Jerusalén o con otras ciudades importantes, pero allí nació Jesús, el Salvador del mundo. Este detalle nos recuerda que los planes de Dios no dependen de la grandeza humana ni del poder terrenal. Él se complace en exaltar lo débil y en mostrar que su fuerza se perfecciona en la humildad. La llegada de Jesús a Belén es un mensaje para cada uno de nosotros: Dios puede obrar en nuestra vida, aunque nos sintamos pequeños o incapaces, porque Él es quien da valor y propósito a nuestra existencia.

El pasaje también subraya que Jesús es el verdadero pastor que apacentará a su pueblo. A diferencia de los líderes terrenales que muchas veces buscan su propio interés, Cristo vino a guiar, cuidar y dar su vida por sus ovejas. Él es el cumplimiento de las promesas hechas por Dios a Israel y, a la vez, la esperanza para toda la humanidad. Su reinado no se basa en armas ni en ejércitos, sino en la justicia, la verdad y el amor.

Al reflexionar en estas palabras, entendemos que el nacimiento de Jesús no es un hecho aislado en la historia, sino la manifestación del plan divino que había sido anunciado desde los profetas. Dios cumple sus promesas en su tiempo y de la manera menos esperada por los hombres. Así, lo que parecía un detalle irrelevante, que el Mesías naciera en una aldea pequeña, se convierte en señal de que su reino no es de este mundo.

Esto nos invita a confiar en la fidelidad de Dios y a reconocer a Jesús como nuestro pastor y guía. Nos desafía a no menospreciar lo pequeño ni lo sencillo, porque allí Dios puede revelar su grandeza. Belén nos recuerda que la esperanza del mundo vino en forma de humildad, y que en Cristo tenemos al Rey y Pastor que nunca abandona a su pueblo.

Dios les bendiga abundantemente.

 

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