UN MOMENTO CON DIOS
Milagros de la gracia
“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y la gracia que él me concedió no se quedó sin fruto. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo”. (1 Corintios 15. 10)
La gracia de Dios es un regalo
inmerecido, un favor que no podemos comprar ni ganar por nuestras propias
fuerzas. Es el corazón del evangelio y la fuente de todo verdadero milagro en
la vida del creyente. Los milagros de la gracia no siempre se manifiestan con
señales visibles o prodigios espectaculares; muchas veces ocurren de forma
silenciosa, pero con un impacto eterno.
El mayor milagro de la gracia
es la salvación. La Biblia enseña en Efesios 2. 8 - 9 que somos salvos por
gracia, por medio de la fe, y que esto no es de nosotros, sino don de Dios. Que
un pecador perdido, esclavo del pecado, sea perdonado, transformado y hecho
hijo de Dios, es un milagro más grande que cualquier sanidad física. Es el
milagro que abre la puerta a la vida eterna.
Otro milagro de la gracia es
la transformación del carácter. La gracia no solo nos perdona, sino que también
nos enseña a vivir de manera diferente. Tito 2. 11 -1 2 dice que la gracia de
Dios nos instruye a renunciar a la impiedad y a vivir sobria, justa y
piadosamente. Cuando alguien que antes estaba lleno de ira, odio o vicios
comienza a vivir en amor, paz y dominio propio, estamos viendo la mano poderosa
de Dios obrando.
La gracia también se
manifiesta como fuerza en medio de la debilidad. El apóstol Pablo testificó
que, aunque pidió tres veces que se le quitara un aguijón en la carne, Dios le
respondió: “Bástate mi gracia” (2 Corintios 12. 9). Ese sostén sobrenatural
para perseverar en las pruebas es un milagro diario que nos recuerda que no
caminamos solos.
Incluso, la gracia obra en
nosotros la capacidad de perdonar. Humanamente, algunas heridas parecen
imposibles de sanar; sin embargo, por la gracia podemos soltar la ofensa y amar
como Cristo nos amó. Eso es un verdadero milagro, porque vence la naturaleza
egoísta y vengativa del corazón humano.
Cada día que despertamos con
fe, esperanza y amor, estamos experimentando un milagro de la gracia. No
siempre serán momentos espectaculares, pero cada avance en nuestra vida
espiritual, cada victoria sobre el pecado, cada paso de obediencia, es fruto de
esa gracia que nos sostiene y nos transforma.
Por eso, debemos vivir
agradecidos, reconociendo que todo lo bueno que tenemos proviene de Él. Que
podamos decir como Pablo: “Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no
ha sido en vano” (1 Corintios 15. 10). Esa es la evidencia más clara de los
milagros de la gracia.
Dios les bendiga
abundantemente.

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