UN MOMENTO CON DIOS
Tiempo de regocijo
“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. (Lucas 2. 10 – 11)
La Navidad es un tiempo de
regocijo profundo, porque recordamos el mayor acto de amor de Dios hacia la
humanidad: el envío de Su Hijo Jesucristo para ser nuestro Salvador. Lucas 2. 10
- 11 nos dice: “Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas
de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad
de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”.
El regocijo navideño no se
basa en las luces, los regalos o las tradiciones, sino en la realidad gloriosa
de que Dios se hizo hombre y vino a habitar entre nosotros. El nacimiento de
Jesús marca el inicio del cumplimiento del plan de salvación. A través de Él,
la oscuridad se disipa y la esperanza renace. Por eso, la Navidad nos invita a
levantar la mirada y recordar que, aunque el mundo viva en medio de crisis,
guerras o dolor, la luz de Cristo brilla con poder.
Regocijarnos en Navidad
significa reconocer que Dios no nos olvidó, que vino a buscarnos y a darnos
vida eterna. Significa agradecer que Jesús no se quedó en el cielo, sino que se
humilló para nacer en un humilde pesebre y caminar entre nosotros. Él vino a
mostrarnos el camino, a enseñarnos el amor verdadero y a darnos paz con Dios.
Este tiempo también nos llama
a compartir esa alegría. Los pastores, al recibir la noticia, no se quedaron en
silencio; corrieron a ver al Mesías y luego contaron a todos lo que habían
visto y oído. De la misma manera, nuestra celebración no debe quedarse
encerrada en nuestros hogares, sino expresarse en actos de amor, generosidad y
servicio a los demás, especialmente a los más necesitados.
La Navidad es, por tanto, un
recordatorio de que nuestra mayor riqueza no está en lo material, sino en la
salvación que Cristo nos ofrece. En medio de las reuniones y las luces, no olvidemos
detenernos para adorarle y darle gracias por su sacrificio.
Que este tiempo de regocijo
renueve nuestra fe, fortalezca nuestra esperanza y nos impulse a vivir cada día
con gratitud, sabiendo que, Emanuel Dios con nosotros, sigue caminando a
nuestro lado. Él es la razón de nuestra alegría hoy y siempre.
Dios les bendiga
abundantemente.

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