UN MOMENTO CON DIOS
Pronto llegará el Rey de
gloria
“Alzad, oh puertas, vuestras cabezas… y entrará el Rey de gloria”. (Salmo 24. 7)
La primera venida de Jesús fue
en humildad, naciendo en un pesebre y entregándose en la cruz para salvarnos.
Pero su segunda venida será en poder y gloria, con autoridad sobre toda la
creación. Él vendrá no como Cordero para el sacrificio, sino como León para
reinar. Esto debería llenar nuestros corazones de esperanza, pero también
despertarnos a vivir en santidad y preparación.
Jesús, el Rey de gloria,
volverá para establecer su reino eterno, y ese día será el cumplimiento de
todas las promesas divinas. El Salmo 24. 7 proclama: “Alzad, oh puertas,
vuestras cabezas… y entrará el Rey de gloria”. Esa imagen majestuosa nos anuncia
que no estamos viviendo hacia el vacío, sino hacia un encuentro glorioso con
nuestro Señor.
Saber que el Rey de gloria
viene pronto nos invita a evaluar nuestras prioridades. ¿Estamos viviendo para
lo eterno o distraídos por lo pasajero? Jesús nos exhortó en Mateo 24. 44:
“Estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis”.
Prepararse no significa vivir con miedo, sino con un corazón alineado a su
voluntad, obedeciendo su Palabra y sirviendo con amor.
La llegada del Rey también
será un día de justicia. Los que han confiado en Él verán la plenitud de su
salvación, pero los que lo han rechazado enfrentarán su juicio. Por eso, la
esperanza de su venida también debe impulsarnos a compartir el evangelio. Si
realmente creemos que pronto llegará, no podemos quedarnos en silencio mientras
otros viven sin conocerlo.
La espera no es pasiva. Como
las vírgenes prudentes de la parábola (Mateo 25), debemos tener nuestras
lámparas encendidas, llenas de aceite, que representa la presencia del Espíritu
Santo. Esto significa mantener viva nuestra fe, cultivar una vida de oración y
perseverar en medio de las pruebas, sabiendo que nuestra recompensa viene con
Él.
Pronto el cielo se abrirá y el
Rey de gloria se manifestará ante todos. Sus hijos serán reunidos, y toda
lágrima será enjugada. Vivir con esta expectativa cambia la manera en que
enfrentamos el presente: nos da fuerza para perseverar, paz en medio de la
tormenta y gozo que nada ni nadie puede quitar.
Que cada día podamos decir con
fe y anhelo: “Amén. Ven, Señor Jesús” (Apocalipsis 22. 20)
Dios les bendiga
abundantemente.

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