jueves, 25 de diciembre de 2025

Un momento... Atesoremos el milagro de la Navidad

 


UN MOMENTO CON DIOS

Atesoremos el milagro de la Navidad

 

“pero María guardaba todas estas cosas en el corazón y pensaba en ellas con frecuencia”. (Lucas 2. 19)

 

La Navidad es más que una fecha en el calendario o una tradición cultural; es el recuerdo vivo del mayor milagro de la historia: Dios hecho hombre, viniendo a habitar entre nosotros. Este misterio, que a la razón humana le cuesta comprender, revela el corazón de un Dios que no se conformó con mirarnos desde lejos, sino que decidió acercarse y compartir nuestra vida para rescatarnos.

En Lucas 2. 19 leemos que María, después de escuchar las palabras de los pastores sobre el nacimiento de Jesús, “guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. Ese es el espíritu que debemos tener en Navidad: no solo oír la historia, sino atesorarla, meditarla y dejar que transforme nuestra manera de vivir. El misterio de la encarnación es tan profundo que merece ser contemplado una y otra vez.

Atesorar el milagro de la Navidad significa reconocer que el Niño en el pesebre no es solo un símbolo de ternura, sino el Salvador del mundo. Él vino para traer luz a la oscuridad, paz a los corazones turbados y esperanza a los que están perdidos. Su nacimiento marcó el inicio del cumplimiento de las promesas divinas, demostrando que Dios siempre es fiel.

En medio del ruido, las compras y las celebraciones, corremos el riesgo de olvidar lo esencial. El verdadero sentido de la Navidad no está en los regalos que damos o recibimos, sino en el regalo que Dios nos entregó en Jesús. Por eso, atesorar este misterio es también cuidarlo de las distracciones, apartando tiempo para orar, leer la Palabra y adorar al Señor por su incomparable amor.

La Navidad nos invita a un corazón humilde, como el de los pastores que acudieron con gozo a ver al Niño, y a una fe obediente, como la de María y José, que aceptaron el plan de Dios con confianza. Atesorarla es, además, compartirla: no quedarnos con la luz para nosotros, sino anunciar que el Salvador ha nacido y que todavía hoy transforma vidas.

Que en esta Navidad podamos detenernos a contemplar el pesebre con asombro, entendiendo que el Dios eterno se hizo frágil por amor a nosotros. Y que, como María, guardemos este misterio en lo más profundo del corazón, para que cada día del año recordemos que Emanuel, “Dios con nosotros”, sigue caminando a nuestro lado.

Dios les bendiga abundantemente.

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