UN MOMENTO CON DIOS
Que sean uno
“Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”. (Juan 17. 21)
Jesús ora al Padre diciendo:
“Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también
ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”. Estas
palabras revelan el profundo deseo de Cristo por la unidad de sus seguidores.
No se trata de una unidad superficial o meramente organizativa, sino de una
comunión espiritual que refleja la relación perfecta entre el Padre y el Hijo.
La unidad que Jesús pide no
significa que todos pensemos exactamente igual en todo, sino que tengamos un
mismo corazón, un mismo propósito y una misma misión: glorificar a Dios y
anunciar el evangelio. En el cuerpo de Cristo hay diversidad de dones, culturas
y formas de pensar, pero todos estamos unidos por la fe en Jesús y el poder del
Espíritu Santo. Esa diversidad enriquecida por la unidad es un testimonio
poderoso al mundo.
Cuando los hijos de Dios viven
en desunión, el mensaje pierde fuerza. Las divisiones, envidias y contiendas
opacan el amor de Cristo y dan lugar a que el enemigo gane terreno. Pero cuando
nos amamos, nos perdonamos y trabajamos juntos, el mundo ve un reflejo vivo del
amor divino. La unidad no es un lujo opcional, es una necesidad espiritual para
cumplir la misión que Dios nos ha dado.
Esta unidad también es fruto
de la humildad. Filipenses 2. 3 - 4 nos exhorta a no hacer nada por egoísmo o
vanagloria, sino a considerar a los demás como superiores a nosotros mismos. La
unidad se construye cuando dejamos de buscar nuestra propia gloria y empezamos
a vivir para servir y edificar al otro.
Jesús nos muestra que esta
unidad está profundamente enraizada en nuestra comunión con Él y con el Padre.
No podemos estar verdaderamente unidos si no permanecemos en Cristo, porque Él
es el centro que nos reúne. Cuanto más cerca estamos de Dios, más cerca
estaremos unos de otros.
La oración de Jesús sigue
vigente hoy. Cada creyente debe preguntarse: ¿soy un instrumento de unidad o de
división? Que el Espíritu Santo nos ayude a vivir en amor, paciencia y
mansedumbre, para que el mundo pueda ver a Cristo en nuestra relación como
hermanos. Así, su oración se cumplirá: que todos seamos uno, para que el mundo
crea.
Dios les bendiga
abundantemente.

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