lunes, 8 de diciembre de 2025

Un momento... Descubrimiento espiritual

 


UN MOMENTO CON DIOS

Descubrimiento espiritual

 

Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8. 32)

 

El descubrimiento espiritual es ese momento en el que, por la obra de Dios, nuestra mente y corazón se abren para entender verdades que antes parecían ocultas. No es simplemente adquirir conocimiento religioso, sino recibir revelación del Espíritu Santo que transforma nuestra manera de ver la vida, a nosotros mismos y a Dios. Es como si una luz encendiera dentro de nosotros y todo comenzara a tener sentido a la luz de la Palabra.

Ese conocimiento no es solo intelectual, sino una experiencia viva que libera de la ignorancia espiritual, de las cadenas del pecado y de los temores que nos atan. El descubrimiento espiritual ocurre cuando pasamos de oír hablar de Dios a conocerlo personalmente, como le sucedió a Job, quien declaró: “De oídas te había oído; más ahora mis ojos te ven” (Job 42. 5)

Uno de los aspectos más hermosos de este descubrimiento es que siempre comienza con una obra divina. El Espíritu Santo es quien abre el entendimiento para que podamos comprender las Escrituras y discernir la voluntad de Dios. Así les pasó a los discípulos en Lucas 24. 45, cuando Jesús les abrió el entendimiento para que comprendieran lo que estaba escrito. Sin esa intervención divina, el corazón humano permanece ciego.

El descubrimiento espiritual también implica un cambio de prioridades. Cuando la verdad de Dios ilumina nuestro interior, lo que antes considerábamos importante pierde valor, y comenzamos a desear lo eterno más que lo temporal. Pablo expresó esto en Filipenses 3. 8, cuando dijo que todo lo consideraba pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo.

Además, el verdadero descubrimiento no nos lleva al orgullo, sino a la humildad. Cuanto más conocemos a Dios, más reconocemos nuestra dependencia de Él. La luz revela no solo su gloria, sino también nuestra necesidad de su gracia. Esto nos impulsa a una vida de adoración, obediencia y servicio.

Como creyentes estamos llamados a buscar y experimentar nuevos descubrimientos espirituales en nuestro caminar diario. No son experiencias aisladas, sino un proceso continuo donde Dios revela más de sí mismo y de su plan para nuestra vida.

Por eso, debemos orar como el salmista: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley” (Salmo 119. 18). Porque cada vez que Dios abre nuestros ojos, nos acerca más a Él y nos lleva a vivir en la plenitud de su verdad.

Dios les bendiga abundantemente.

 

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