UN MOMENTO CON DIOS
Descubrimiento espiritual
Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8. 32)
El descubrimiento espiritual
es ese momento en el que, por la obra de Dios, nuestra mente y corazón se abren
para entender verdades que antes parecían ocultas. No es simplemente adquirir
conocimiento religioso, sino recibir revelación del Espíritu Santo que
transforma nuestra manera de ver la vida, a nosotros mismos y a Dios. Es como
si una luz encendiera dentro de nosotros y todo comenzara a tener sentido a la
luz de la Palabra.
Ese conocimiento no es solo
intelectual, sino una experiencia viva que libera de la ignorancia espiritual,
de las cadenas del pecado y de los temores que nos atan. El descubrimiento
espiritual ocurre cuando pasamos de oír hablar de Dios a conocerlo
personalmente, como le sucedió a Job, quien declaró: “De oídas te había oído;
más ahora mis ojos te ven” (Job 42. 5)
Uno de los aspectos más
hermosos de este descubrimiento es que siempre comienza con una obra divina. El
Espíritu Santo es quien abre el entendimiento para que podamos comprender las
Escrituras y discernir la voluntad de Dios. Así les pasó a los discípulos en
Lucas 24. 45, cuando Jesús les abrió el entendimiento para que comprendieran lo
que estaba escrito. Sin esa intervención divina, el corazón humano permanece
ciego.
El descubrimiento espiritual
también implica un cambio de prioridades. Cuando la verdad de Dios ilumina
nuestro interior, lo que antes considerábamos importante pierde valor, y comenzamos
a desear lo eterno más que lo temporal. Pablo expresó esto en Filipenses 3. 8,
cuando dijo que todo lo consideraba pérdida por la excelencia del conocimiento
de Cristo.
Además, el verdadero
descubrimiento no nos lleva al orgullo, sino a la humildad. Cuanto más
conocemos a Dios, más reconocemos nuestra dependencia de Él. La luz revela no
solo su gloria, sino también nuestra necesidad de su gracia. Esto nos impulsa a
una vida de adoración, obediencia y servicio.
Como creyentes estamos llamados
a buscar y experimentar nuevos descubrimientos espirituales en nuestro caminar
diario. No son experiencias aisladas, sino un proceso continuo donde Dios
revela más de sí mismo y de su plan para nuestra vida.
Por eso, debemos orar como el
salmista: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley” (Salmo 119. 18).
Porque cada vez que Dios abre nuestros ojos, nos acerca más a Él y nos lleva a
vivir en la plenitud de su verdad.
Dios les bendiga
abundantemente.

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