UN MOMENTO CON DIOS
Sencillamente hacer el Bien
“No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos...” (Gálatas 6. 9 – 10)
La vida cristiana no siempre
se mide por grandes gestas o actos extraordinarios, sino muchas veces por la
sencillez de nuestro caminar diario. “Hacer el bien” parece una frase simple,
pero encierra la esencia del amor de Dios manifestado en nosotros. El apóstol
Pablo exhorta en Gálatas 6. 9 - 10: “No nos cansemos, pues, de hacer el bien;
porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos
oportunidad, hagamos bien a todos...”
Hacer el bien no es una opción
secundaria, sino una evidencia de la fe viva que obra por el amor (Gálatas 5. 6).
El Señor Jesús lo mostró en cada paso de su ministerio: sanando, consolando,
alimentando, enseñando y, sobre todo, entregando su vida por nosotros. Su
ejemplo nos recuerda que la bondad no necesita anuncios ni aplausos; basta con
un corazón sensible al dolor ajeno y dispuesto a servir.
A veces pensamos que para
agradar a Dios debemos realizar cosas grandes, pero Él nos llama también a la
fidelidad en lo pequeño. Una palabra de aliento, un gesto de generosidad, una
oración sincera por alguien, un acto de justicia en el lugar de trabajo, todo
ello cuenta como “hacer el bien”. No siempre veremos resultados inmediatos,
pero Dios promete que a su tiempo dará fruto.
La bondad sencilla también nos
protege del egoísmo. Cuando servimos, dejamos de mirarnos solo a nosotros
mismos y abrimos los ojos a las necesidades de quienes nos rodean. En un mundo
marcado por la indiferencia, el bien se convierte en un testimonio poderoso del
amor de Cristo. Jesús mismo dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los
hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que
está en los cielos” (Mateo 5. 16)
No se trata de hacer el bien
como una obligación pesada, sino como una expresión natural de la vida de
Cristo en nosotros. El Espíritu Santo nos impulsa a obrar con amor, y esa
bondad es semilla que puede transformar corazones.
Que esta reflexión nos anime a
no cansarnos de la bondad sencilla, la que no busca reconocimientos, sino que
fluye de un corazón transformado. Hacer el bien cada día, en lo pequeño y en lo
grande, es la manera más práctica de reflejar el amor de Dios al mundo.
Dios les bendiga
abundantemente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario