UN MOMENTO CON DIOS
Un Mayordomo Fiel
“Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Corintios 4. 2)
Al llegar el fin de un año, es
inevitable mirar hacia atrás y evaluar cómo hemos administrado lo que Dios puso
en nuestras manos. La Biblia enseña que somos mayordomos, no dueños. Todo lo
que tenemos, el tiempo, los talentos, los recursos, las oportunidades e incluso
nuestra vida, nos ha sido confiado por Dios para administrarlo de manera sabia
y fiel.
Jesús contó la parábola de los
talentos (Mateo 25. 14 - 30) para recordarnos que un día el Señor pedirá
cuentas. El mayordomo fiel no guarda lo que recibe ni lo usa para sus propios
fines egoístas, sino que lo invierte en aquello que honra a su Señor y
beneficia a otros. Ser fiel no significa ser perfecto, sino actuar con
responsabilidad, obediencia y amor hacia Dios en cada área.
Este fin de año es una
oportunidad para preguntarnos: ¿cómo utilicé el tiempo que Dios me dio?
¿Invertí mis dones para su gloria? ¿Administré bien los recursos y la salud que
Él me confió? ¿Guardé mi corazón en integridad? La fidelidad se prueba en lo
cotidiano, en las decisiones pequeñas y constantes que forman nuestro carácter
y reflejan a quién servimos.
Un mayordomo fiel también sabe
que todo le pertenece a Dios y vive con manos abiertas, dispuesto a dar, servir
y compartir. No se aferra a lo material ni se deja dominar por el egoísmo,
porque entiende que su verdadera recompensa está en el Señor. El apóstol Pablo
dijo: “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado
fiel” (1 Corintios 4. 2)
Al cerrar este año, Dios no
nos llama a lamentarnos por lo que no hicimos, sino a renovar nuestro
compromiso de vivir para Él. Nos invita a comenzar el próximo año con la
determinación de ser buenos administradores de cada día, de cada palabra, de
cada oportunidad y de cada relación que ponga en nuestro camino.
El mayordomo fiel sabe que su
vida tiene un propósito eterno y que un día escuchará las palabras más hermosas
que puede recibir: “Bien, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu Señor”.
Que al mirar atrás podamos agradecer por su gracia y, al mirar hacia adelante,
lo hagamos con la convicción de que todo lo que somos y tenemos es para su
gloria. Ese es el verdadero éxito: vivir como un mayordomo fiel del Reino de
Dios.
Dios les bendiga
abundantemente.

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