miércoles, 17 de diciembre de 2025

Un momento... Dios, el dador Supremo

 


UN MOMENTO CON DIOS

Dios, el dador Supremo

 

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces”. (Santiago 1. 17)

 

La Biblia nos presenta a Dios como el dador por excelencia, aquel que da no por obligación, sino por amor. Santiago 1. 17 nos recuerda: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces”. Esto significa que todo lo bueno que disfrutamos, la vida, la salud, la familia, la provisión, la salvación, proviene de Él. Dios no da a medias, sino que se complace en bendecir de manera abundante y perfecta.

Desde el inicio de la creación vemos su generosidad. Él formó el universo y preparó todo para el hombre antes de colocarlo en el Edén. No solo nos dio lo necesario para vivir, sino también belleza, variedad y deleite. Cada amanecer, cada alimento, cada momento de paz es un regalo directo de su mano.

Pero el mayor acto de generosidad de Dios se manifestó en dar a su propio Hijo. Juan 3. 16 declara: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito”. Aquí vemos que su entrega no fue de lo que le sobraba, sino de lo más valioso que tenía. Jesús, al morir en la cruz, nos dio el perdón y la vida eterna. Esto nos muestra que el amor verdadero siempre implica dar, y que Dios no retiene nada bueno para sus hijos.

Reconocer a Dios como el dador supremo cambia nuestra perspectiva. Nos lleva a vivir agradecidos, conscientes de que nada tenemos que no nos haya sido dado por Él. Nos ayuda a depender de su provisión y a no caer en la ansiedad, pues sabemos que el Padre cuida de nosotros con perfección.

Además, su generosidad nos inspira a imitarlo. Efesios 5. 1 - 2 nos llama a andar en amor, tal como Cristo nos amó y se entregó. Cuando entendemos que hemos recibido tanto, nuestro corazón se abre para dar a otros, no solo en lo material, sino en tiempo, apoyo, oración y servicio.

Dios no da con medida, y lo que Él entrega siempre tiene un propósito: acercarnos más a Él y formarnos a la imagen de su Hijo. Al meditar en su bondad, descubrimos que su mayor regalo no es algo, sino Él mismo. El Dador supremo se nos ofrece, y en su presencia encontramos la plenitud que ninguna otra cosa puede dar.

Dios les bendiga abundantemente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario