UN MOMENTO CON DIOS
Dios, el dador Supremo
“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces”. (Santiago 1. 17)
La Biblia nos presenta a Dios
como el dador por excelencia, aquel que da no por obligación, sino por amor.
Santiago 1. 17 nos recuerda: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende
de lo alto, del Padre de las luces”. Esto significa que todo lo bueno que
disfrutamos, la vida, la salud, la familia, la provisión, la salvación,
proviene de Él. Dios no da a medias, sino que se complace en bendecir de manera
abundante y perfecta.
Desde el inicio de la creación
vemos su generosidad. Él formó el universo y preparó todo para el hombre antes
de colocarlo en el Edén. No solo nos dio lo necesario para vivir, sino también
belleza, variedad y deleite. Cada amanecer, cada alimento, cada momento de paz
es un regalo directo de su mano.
Pero el mayor acto de
generosidad de Dios se manifestó en dar a su propio Hijo. Juan 3. 16 declara:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito”. Aquí
vemos que su entrega no fue de lo que le sobraba, sino de lo más valioso que
tenía. Jesús, al morir en la cruz, nos dio el perdón y la vida eterna. Esto nos
muestra que el amor verdadero siempre implica dar, y que Dios no retiene nada
bueno para sus hijos.
Reconocer a Dios como el dador
supremo cambia nuestra perspectiva. Nos lleva a vivir agradecidos, conscientes
de que nada tenemos que no nos haya sido dado por Él. Nos ayuda a depender de
su provisión y a no caer en la ansiedad, pues sabemos que el Padre cuida de
nosotros con perfección.
Además, su generosidad nos
inspira a imitarlo. Efesios 5. 1 - 2 nos llama a andar en amor, tal como Cristo
nos amó y se entregó. Cuando entendemos que hemos recibido tanto, nuestro
corazón se abre para dar a otros, no solo en lo material, sino en tiempo,
apoyo, oración y servicio.
Dios no da con medida, y lo
que Él entrega siempre tiene un propósito: acercarnos más a Él y formarnos a la
imagen de su Hijo. Al meditar en su bondad, descubrimos que su mayor regalo no
es algo, sino Él mismo. El Dador supremo se nos ofrece, y en su presencia
encontramos la plenitud que ninguna otra cosa puede dar.
Dios les bendiga
abundantemente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario