UN MOMENTO CON
DIOS
Les
prepararé una morada
“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. (Juan 14. 2 – 3)
Jesús pronuncia unas palabras
llenas de ternura y esperanza: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si
así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo,
para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Estas palabras revelan el
corazón amoroso de Cristo y Su propósito eterno para cada creyente.
La vida en este mundo está
llena de incertidumbre, dolor y cambios. No importa cuánto logremos o
acumulemos, todo aquí es temporal. Jesús, consciente de la fragilidad de esta
vida, nos recuerda que nuestro verdadero hogar no está en la tierra, sino en el
cielo. Allí no habrá lágrimas, enfermedad ni muerte. Será un lugar de comunión
perfecta con Él, en la presencia de Dios, disfrutando de Su amor para siempre.
Cuando Jesús dice que va a
preparar una morada, no habla simplemente de un lugar físico, sino de una
relación eterna. Él mismo es el camino, la verdad y la vida; sin Él, nadie
puede llegar al Padre. Esta promesa nos asegura que nuestra esperanza no se
basa en ideas humanas o sueños inciertos, sino en la palabra fiel del Hijo de
Dios.
Saber que Cristo nos prepara
un lugar debería cambiar nuestra manera de vivir ahora. No estamos caminando
sin rumbo, ni luchando en vano; cada paso, cada prueba y cada victoria forman
parte de un viaje que nos conduce a la eternidad con Él. Esto nos anima a
perseverar, a vivir con santidad y a mantener la mirada puesta en lo celestial,
no en lo terrenal.
Además, esta promesa es
profundamente personal. Jesús no dice que preparará “un lugar para todos” de
forma general, sino “para vosotros”, refiriéndose a Sus discípulos. Esto
significa que hay un lugar específico, pensado y preparado para cada uno de Sus
hijos. Es una invitación a confiar en Su amor y a esperar con gozo el día en
que Él vuelva por nosotros.
En resumen, la promesa de
Jesús de prepararnos una morada es un recordatorio de que no somos ciudadanos permanentes
de este mundo. Nuestra patria está en el cielo, y allí, junto a Él, viviremos
en plenitud. Mientras tanto, sigamos firmes en la fe, sabiendo que el mejor
hogar nos espera, y que quien lo prepara es Aquel que nos amó hasta dar Su vida
por nosotros.
Dios les bendiga
abundantemente.

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