UN MOMENTO CON DIOS
El Hijo de Dios tiene
autoridad
“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. (Mateo 28. 18)
Jesús no solo vino al mundo
como un maestro o un profeta, sino como el Hijo de Dios con plena autoridad
sobre el cielo y la tierra. En Mateo 28. 18, Él mismo declara: “Toda potestad
me es dada en el cielo y en la tierra”. Esta autoridad no le fue otorgada por
los hombres ni limitada por el tiempo; le pertenece por derecho divino, pues Él
es uno con el Padre desde la eternidad.
La autoridad de Jesús se
manifestó en diferentes áreas. Tenía autoridad sobre la naturaleza: calmó la
tormenta con una sola palabra, mostrando que el viento y el mar le obedecen.
Tenía autoridad sobre las enfermedades: sanó a leprosos, devolvió la vista a ciegos
y levantó a paralíticos, demostrando que su poder trasciende lo físico. Tenía
autoridad sobre los demonios: con su palabra expulsaba espíritus malignos,
mostrando que el reino de las tinieblas está sujeto a Él. Y, lo más asombroso,
tenía autoridad sobre la muerte: resucitó a Lázaro y, finalmente, venció Él
mismo la tumba al resucitar al tercer día.
Reconocer la autoridad de
Cristo implica reconocer que nada en nuestra vida está fuera de su control.
Muchas veces vivimos como si Él no tuviera poder suficiente para intervenir en
nuestras circunstancias, pero su autoridad no se limita a los tiempos bíblicos;
sigue siendo absoluta hoy. Su poder puede transformar corazones, restaurar
familias, sanar heridas emocionales y dar vida nueva.
Sin embargo, su autoridad no
es solo para hacer milagros visibles, sino también para gobernar nuestra vida.
Esto significa que sus palabras y mandamientos no son simples consejos, sino
órdenes del Rey de reyes. Cuando obedecemos a Jesús, nos colocamos bajo su
señorío y experimentamos la paz y la dirección que vienen de estar en su
voluntad.
La Biblia nos llama a vivir
conscientes de que Jesús es la máxima autoridad. Esto nos da confianza en medio
de las pruebas, porque sabemos que nada sucede sin que Él lo permita. También
nos impulsa a compartir el evangelio, tal como Él ordenó, porque su autoridad
respalda nuestra misión.
El Hijo de Dios Reina sobre
todo. Reconocerlo no es solo una declaración de fe, sino una entrega total. Si
creemos que Él tiene autoridad sobre el universo, debemos permitirle también
tener autoridad sobre cada área de nuestra vida. Solo así experimentaremos la
plenitud y el propósito que provienen de caminar bajo su señorío.
Dios les bendiga
abundantemente.

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