UN MOMENTO CON DIOS
Es época de nacimiento
“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. (Juan 3. 3)
Jesús le dice a Nicodemo:
Estas palabras encierran una de las verdades más profundas del evangelio. Jesús
no está hablando de un cambio superficial o de una mejora en la conducta, sino
de una transformación total del corazón y de la vida. El nuevo nacimiento es
una obra espiritual que solo Dios puede realizar en el ser humano por medio de
su Espíritu Santo.
Nicodemo, un maestro de la ley
y un hombre religioso, no comprendía al inicio esta enseñanza. Pensaba en
términos físicos, pero Jesús hablaba de una realidad espiritual: la necesidad
de una regeneración interior. Esto nos recuerda que no basta con cumplir ritos,
tradiciones o tener un conocimiento intelectual de la fe; lo que Dios quiere es
un corazón renovado que viva en obediencia y amor.
El nuevo nacimiento implica
dejar atrás la vida vieja dominada por el pecado y comenzar una vida guiada por
el Espíritu de Dios. Es un cambio de identidad y de propósito. Ya no se trata
de vivir para uno mismo, sino de vivir para el Señor. Es por eso que Pablo más
adelante dirá: “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las
cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5. 17)
Esta enseñanza también nos
muestra que el acceso al reino de Dios no depende de méritos humanos ni de
buenas obras, sino de la gracia divina que nos transforma. Nacer de nuevo
significa recibir una nueva naturaleza, una vida en la que Cristo habita en
nosotros y nos da la fuerza para vencer el pecado, caminar en santidad y dar
fruto para su gloria.
No se trata de religión, sino
de relación; no de esfuerzo humano, sino de entrega total a la obra de Dios en
nosotros. Solo quien nace de nuevo puede ver y disfrutar el reino de Dios,
porque sus ojos son abiertos a la verdad y su corazón es hecho sensible a la
voz del Señor.
El nuevo nacimiento es el
inicio de la verdadera vida, aquella que tiene propósito eterno en Cristo
Jesús.
Dios les bendiga
abundantemente.

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