sábado, 27 de diciembre de 2025

Un momento... Jesús, la razón de nuestra esperanza

 


UN MOMENTO CON DIOS

Jesús, la razón de nuestra esperanza

 

“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28. 20)

 

En un mundo marcado por la incertidumbre, la ansiedad y el sufrimiento, la esperanza se ha convertido en un recurso escaso. Muchas personas buscan depositarla en logros personales, posesiones, relaciones o en la estabilidad económica, pero tarde o temprano esas fuentes se agotan. La Biblia nos recuerda que existe una esperanza que no se desvanece ni se quiebra: Jesús.

El apóstol Pedro declara: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1. 3). No se trata de un optimismo ingenuo o de un simple deseo de que las cosas mejoren, sino de una certeza anclada en la obra redentora de Cristo. Su muerte en la cruz y su resurrección garantizan que nuestras vidas tienen un propósito eterno y un destino seguro en su presencia.

Jesús es la razón de nuestra esperanza porque Él venció lo que más tememos: el pecado y la muerte. Cuando todo parece oscuro, recordamos que la tumba está vacía y que el mismo poder que lo levantó vive en nosotros. Esa verdad nos sostiene en medio de la prueba y nos impulsa a caminar con fe, aun cuando el panorama no sea favorable.

Además, la esperanza en Cristo transforma nuestra manera de vivir hoy. No es solo una expectativa futura, sino una fuerza presente que nos da paz en la tormenta, paciencia en la espera y gozo en la adversidad. Esta esperanza nos enseña a mirar más allá de lo inmediato, a ver con los ojos de la fe lo que Dios está haciendo, incluso cuando no lo comprendemos.

El mundo ofrece esperanzas pasajeras, pero Jesús nos ofrece una esperanza eterna y segura, respaldada por su fidelidad. Él mismo prometió: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28. 20). Saber que no estamos solos nos da el valor para enfrentar cualquier desafío.

Por eso, cuando el desánimo intente robarnos la fe, debemos volver a la fuente: mirar a Jesús, recordar sus promesas y descansar en su amor inmutable. La esperanza cristiana no es un sentimiento frágil; es una convicción firme basada en la verdad del Evangelio.

Jesús no solo nos da esperanza; Él es nuestra esperanza. En Él, el futuro está asegurado, y el presente se llena de sentido. Por eso, podemos vivir confiados, sabiendo que nuestra ancla está firme en el cielo y que un día veremos cumplidas todas sus promesas.

Dios les bendiga abundantemente.

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