UN MOMENTO CON DIOS
Jesús camina a nuestro lado
“De pronto, se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Y, en ese instante, Jesús desapareció”. (Lucas 24. 31)
La presencia de Jesús en
nuestra vida no es solo una promesa lejana, sino una realidad constante. Desde
el momento en que le entregamos nuestro corazón, Él se convierte en nuestro
fiel compañero, caminando a nuestro lado en cada paso que damos, tanto en los
momentos de gozo como en los de dolor. Su compañía es silenciosa a veces, pero
siempre efectiva, guiándonos, sosteniéndonos y recordándonos que nunca estamos
solos.
En Lucas 24, leemos la
historia de los discípulos camino a Emaús. Ellos iban tristes y confundidos,
sin reconocer que el mismo Jesús resucitado caminaba junto a ellos. Muchas veces
nos sucede igual: estamos tan enfocados en nuestras preocupaciones que no vemos
que el Señor está a nuestro lado, guiando nuestras conversaciones,
fortaleciendo nuestra fe y encendiendo nuestro corazón con su Palabra.
Cuando Jesús camina con
nosotros, nuestras cargas se vuelven más ligeras. Él mismo dijo: “Venid a mí
todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11. 28).
No siempre quitará las dificultades, pero sí nos dará la fuerza, la paz y la
dirección para enfrentarlas. Su compañía cambia nuestra perspectiva: donde
antes veíamos obstáculos, ahora vemos oportunidades para confiar más en Él.
Es importante entender que
Jesús no solo está presente en los momentos “espirituales” como un culto o una
oración, sino también en lo cotidiano. Él camina con nosotros en el trabajo, en
el hogar, en los viajes, en los desafíos y en las decisiones. Su Espíritu nos
recuerda que nuestra vida entera está bajo su cuidado.
Caminar con Jesús también
implica escucharle y seguirle. No basta con saber que está presente; debemos
permitirle guiar el rumbo. Él conoce el camino mejor que nosotros, porque no
solo ve el presente, sino también el futuro. Tal como dice el Salmo 23: “Aunque
ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás
conmigo”, su presencia es nuestra mayor seguridad.
Pensemos cuántas veces Jesús
ha estado a nuestro lado sin que lo notemos. Él camina con nosotros, no por
obligación, sino por amor. Si abrimos los ojos de la fe, podremos reconocer su
voz, sentir su paz y experimentar la certeza de que, con Él, nunca caminaremos
solos. Él es nuestro compañero eterno, y su paso marca el compás seguro de
nuestra vida.
Dios les bendiga
abundantemente.

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