martes, 2 de diciembre de 2025

Un momento... Avivar el fuego de nuestra fe

 


UN MOMENTO CON DIOS

Avivar el fuego de nuestra fe

 

“Aviva el fuego del don de Dios que está en ti” (2 Timoteo 1. 6)

 

La vida cristiana no es estática; es un caminar constante con Dios que requiere mantener viva la llama de la fe. El apóstol Pablo exhortó a Timoteo diciendo: “Aviva el fuego del don de Dios que está en ti” (2 Timoteo 1. 6). Esta imagen del fuego es poderosa: un fuego encendido da luz, calor y protección, pero si no se alimenta, poco a poco se apaga. Así también ocurre con nuestra fe: si no la cuidamos, si no la nutrimos con la Palabra, la oración y la comunión con Dios, corre el riesgo de enfriarse.

Avivar el fuego de nuestra fe significa renovar cada día nuestra pasión por Cristo. No se trata de vivir de recuerdos espirituales del pasado, sino de buscar nuevas experiencias con Dios que fortalezcan nuestra relación con Él. Esto implica tiempo a solas con el Señor, rendición total de nuestra voluntad y obediencia a Su Palabra, incluso cuando las circunstancias son difíciles.

El fuego de la fe también se aviva en la prueba. Las dificultades, lejos de apagar nuestra esperanza, pueden servir como combustible que nos impulsa a confiar más profundamente en Dios. Cuando decidimos creer en Sus promesas a pesar de lo que vemos, nuestra fe se purifica y crece. La oración ferviente, la adoración sincera y la lectura constante de la Biblia son como leños que alimentan esa llama interior.

Sin embargo, debemos estar alertas a todo aquello que quiera sofocar ese fuego: el pecado no confesado, la distracción con las cosas del mundo, el desánimo y la falta de disciplina espiritual. El enemigo intentará enfriar nuestro amor por Dios, pero nosotros debemos permanecer firmes, recordando que el Espíritu Santo es quien enciende y mantiene viva la llama.

Cuando nuestra fe está encendida, no solo experimentamos gozo y paz, sino que también nos convertimos en una luz para otros. Un corazón encendido por Cristo contagia esperanza, inspira a seguir adelante y da testimonio del poder transformador del Evangelio.

En resumen, avivar el fuego de nuestra fe en Cristo es una responsabilidad diaria. No es un acto aislado, sino un estilo de vida que busca, ama y obedece a Dios en todo momento. Y cuanto más cultivamos esa relación, más arde en nosotros la pasión por Su Reino, y más imposible se vuelve ocultar el brillo de Su amor que obra en nosotros.

Dios les bendiga abundantemente.

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