sábado, 27 de septiembre de 2025

Un momento... Vivir como discípulos de Cristo

 


UN MOMENTO CON DIOS

Vivir como discípulos de Cristo

 

“Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo.” (2 Tesalonicenses 3. 5)

 

En este versículo, el apóstol Pablo ofrece una breve pero profunda oración por los creyentes en Tesalónica. No es simplemente un deseo, sino una súplica pastoral dirigida al Señor para que guíe el interior de sus hermanos hacia dos fundamentos esenciales de la vida cristiana: el amor de Dios y la paciencia de Cristo.

Primero, Pablo dice: “El Señor encamine vuestros corazones…”. Aquí se destaca que es Dios mismo quien debe dirigir nuestros corazones. No basta con el esfuerzo humano, con emociones momentáneas o buenas intenciones; es el Señor quien obra internamente para alinear nuestras emociones, pensamientos y decisiones con su voluntad. Un corazón bien encaminado es aquel que se orienta hacia lo eterno, que no se deja llevar por las pasiones del mundo, sino que busca el propósito de Dios.

Luego dice: “al amor de Dios”. Esta expresión puede entenderse de dos maneras complementarias. Por un lado, puede referirse a que nuestros corazones sean guiados a experimentar profundamente el amor que Dios tiene por nosotros, un amor que consuela, sostiene y transforma. Por otro lado, también puede significar que aprendamos a amar a Dios con todo nuestro ser, respondiendo a su amor con devoción y obediencia. En ambos sentidos, el amor de Dios es el centro que da sentido a la vida cristiana.

El versículo continúa: “y a la paciencia de Cristo”. Esta paciencia no es una pasividad resignada, sino una perseverancia activa y constante, como la que mostró Jesús durante su ministerio, en medio del rechazo, el sufrimiento y la cruz. Pablo ora para que los creyentes participen de esa misma actitud: una resistencia firme ante la adversidad, una esperanza viva en medio de la prueba, y una confianza completa en el plan de Dios.

Esta meditación nos invita a examinar nuestro corazón: ¿Está realmente encaminado al amor de Dios? ¿Es nuestro amor por Él profundo y constante, o condicionado por las circunstancias? ¿Reflejamos la paciencia de Cristo en nuestras luchas diarias?

Hoy, podemos hacer nuestra esta oración: Señor, dirige mi corazón. Hazme habitar en tu amor, y dame la paciencia que tuvo Cristo. Que mi caminar diario sea firme, sostenido por tu gracia y guiado por tu Espíritu.
Porque solo con un corazón rendido y guiado por Dios, podremos vivir como verdaderos discípulos de Cristo.

Dios les bendiga abundantemente.

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