UN MOMENTO CON DIOS
Vivir como discípulos de
Cristo
“Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo.” (2 Tesalonicenses 3. 5)
En este versículo, el apóstol
Pablo ofrece una breve pero profunda oración por los creyentes en Tesalónica.
No es simplemente un deseo, sino una súplica pastoral dirigida al Señor para
que guíe el interior de sus hermanos hacia dos fundamentos esenciales de la
vida cristiana: el amor de Dios y la paciencia de Cristo.
Primero, Pablo dice: “El Señor
encamine vuestros corazones…”. Aquí se destaca que es Dios mismo quien debe
dirigir nuestros corazones. No basta con el esfuerzo humano, con emociones
momentáneas o buenas intenciones; es el Señor quien obra internamente para
alinear nuestras emociones, pensamientos y decisiones con su voluntad. Un
corazón bien encaminado es aquel que se orienta hacia lo eterno, que no se deja
llevar por las pasiones del mundo, sino que busca el propósito de Dios.
Luego dice: “al amor de Dios”.
Esta expresión puede entenderse de dos maneras complementarias. Por un lado,
puede referirse a que nuestros corazones sean guiados a experimentar
profundamente el amor que Dios tiene por nosotros, un amor que consuela,
sostiene y transforma. Por otro lado, también puede significar que aprendamos a
amar a Dios con todo nuestro ser, respondiendo a su amor con devoción y
obediencia. En ambos sentidos, el amor de Dios es el centro que da sentido a la
vida cristiana.
El versículo continúa: “y a la
paciencia de Cristo”. Esta paciencia no es una pasividad resignada, sino una
perseverancia activa y constante, como la que mostró Jesús durante su
ministerio, en medio del rechazo, el sufrimiento y la cruz. Pablo ora para que
los creyentes participen de esa misma actitud: una resistencia firme ante la
adversidad, una esperanza viva en medio de la prueba, y una confianza completa
en el plan de Dios.
Esta meditación nos invita a
examinar nuestro corazón: ¿Está realmente encaminado al amor de Dios? ¿Es
nuestro amor por Él profundo y constante, o condicionado por las
circunstancias? ¿Reflejamos la paciencia de Cristo en nuestras luchas diarias?
Hoy, podemos hacer nuestra
esta oración: Señor, dirige mi corazón. Hazme habitar en tu amor, y dame la
paciencia que tuvo Cristo. Que mi caminar diario sea firme, sostenido por tu
gracia y guiado por tu Espíritu.
Porque solo con un corazón rendido y guiado por Dios, podremos vivir como
verdaderos discípulos de Cristo.
Dios les bendiga
abundantemente.

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