UN MOMENTO CON DIOS
El mensaje de la Cruz
“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” (1 Corintios 1. 18)
El apóstol Pablo, en 1
Corintios 1. 18, presenta una poderosa verdad espiritual que ha desafiado a la
humanidad desde los tiempos del Evangelio:
“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se
salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.”
Aquí se marcan dos maneras
radicalmente distintas de ver la cruz de Cristo. Para algunos, es “locura”;
para otros, es “poder de Dios”. Esta diferencia no radica en el mensaje en sí,
sino en el estado del corazón que lo recibe. Pablo nos muestra que la cruz
revela, al mismo tiempo, el juicio del mundo y la sabiduría divina.
Para el mundo que se pierde,
la cruz no tiene sentido. ¿Cómo puede ser salvador alguien que murió como un
criminal? ¿Cómo puede haber victoria en la humillación, en la debilidad, en la
sangre derramada? Desde la lógica humana, la cruz parece un fracaso. Por eso,
muchos la rechazan. El orgullo intelectual y la autosuficiencia espiritual
ciegan el entendimiento de quienes no quieren depender de la gracia.
Sin embargo, para los que
creen, para los que se salvan, la cruz no es debilidad sino poder. Es en la
cruz donde Cristo venció al pecado, derrotó a Satanás y abrió el camino a la
reconciliación con Dios. Lo que parecía derrota fue, en realidad, la más
gloriosa victoria. La muerte de Jesús no fue un accidente trágico, sino el acto
supremo de amor y justicia divina.
Esta meditación nos invita a
no avergonzarnos de la cruz. Aunque el mensaje de Cristo crucificado no sea
popular ni comprensible para muchos, es el único mensaje que tiene poder para
salvar, transformar y dar vida eterna. No necesitamos adornarlo ni rebajarlo.
La cruz no necesita ser modernizada, solo anunciada con fidelidad y humildad.
También nos confronta a vivir
con una fe que no se basa en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios. En
un mundo que exalta la apariencia, la fuerza y el éxito, el Evangelio nos llama
a gloriarnos en Cristo crucificado, a encontrar nuestra esperanza en su
sacrificio, y a vivir una vida marcada por esa verdad.
Reafirmemos esta verdad en nuestro
corazón: La cruz de Cristo es poder, es salvación, es amor perfecto. Aunque el
mundo no lo entienda, los que creen conocen que en ella está la victoria.
Dios les bendiga
abundantemente.

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