UN MOMENTO CON DIOS
Las Buenas Nuevas son para
todos
“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo
para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” (1 Timoteo 1. 15)
El apóstol Pablo presenta una declaración contundente y profundamente esperanzadora.
Este versículo es el corazón
del Evangelio. Pablo no introduce una teoría o una enseñanza secundaria, sino
una verdad esencial y universal: Jesucristo vino al mundo con un propósito
claro: salvar a los pecadores. No vino a dar simplemente un ejemplo moral, ni a
enseñar sabiduría humana, sino a rescatar al ser humano de su condición caída.
Pablo recalca que esta es una
“palabra fiel”, es decir, confiable, firme, sin error, que merece ser creída
con todo el corazón. También la llama “digna de ser recibida por todos”, porque
nadie queda excluido de esta oferta de salvación. El Evangelio es para todos:
ricos y pobres, sabios e ignorantes, justos en apariencia o abiertamente
rebeldes. Todos necesitan salvación, y todos pueden recibirla por medio de
Cristo.
La segunda parte del versículo
es aún más conmovedora: “de los cuales yo soy el primero.” Pablo no habla como
un juez que señala a los demás, sino como alguien profundamente consciente de
su pasado y de la gracia que ha recibido. Él, que persiguió a la iglesia y se
opuso a Cristo, se reconoce como el peor de los pecadores. Pero también como un
ejemplo viviente de la misericordia de Dios.
Este reconocimiento humilde es
clave para entender el poder transformador del Evangelio. No hay pecado tan
grande que la sangre de Cristo no pueda limpiar. La gracia no es para los que
se sienten dignos, sino para los que reconocen que no lo son.
Esta reflexión nos invita a
recordar que la salvación no se gana, se recibe. Y se recibe con fe, humildad y
gratitud. Así como Pablo fue alcanzado, también nosotros hemos sido llamados a
ser testigos de esa gracia.
Que nunca perdamos de vista
esta verdad central: Cristo vino a salvar pecadores. Y que, como Pablo, vivamos
con gratitud, reconociendo que todo lo que somos y tenemos es por pura misericordia.

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