jueves, 11 de septiembre de 2025

Un momento... De lo que tengo te doy

 


UN MOMENTO CON DIOS

De lo que tengo te doy

 

“Pero Pedro le dijo: «Yo no tengo plata ni oro para ti, pero te daré lo que tengo. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y camina!». (Hechos 3. 6)

 

En Hechos 3. 6 encontramos uno de los momentos más poderosos de los primeros días de la Iglesia. Pedro y Juan se dirigen al templo para orar cuando se encuentran con un hombre cojo de nacimiento, que pedía limosna a la entrada. El mendigo esperaba unas monedas, pero Pedro le ofrece algo mucho mayor: sanidad en el nombre de Jesús.

Pedro comienza diciendo: “No tengo plata ni oro”. Esta frase nos confronta con una verdad clave del Evangelio: el poder de Dios no depende de los recursos materiales. En un mundo obsesionado con el dinero, la fama y el poder, Pedro nos recuerda que lo más valioso no siempre es lo visible o lo tangible. La Iglesia no fue edificada con riquezas humanas, sino con fe, oración y la presencia del Espíritu Santo.

Luego añade: “Pero lo que tengo te doy.” Pedro no ofrece lo que no tiene. En cambio, da con generosidad lo que sí posee: el poder de Cristo que actúa en él. Esto revela una vida espiritual activa, en comunión con el Señor, dispuesta a actuar con fe y obediencia. Pedro sabía que no tenía medios humanos para cambiar la situación del hombre cojo, pero sí tenía algo mucho mejor: el nombre de Jesucristo.

“En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.” No era una fórmula mágica, sino una declaración de autoridad espiritual. Pedro actúa bajo la convicción de que el nombre de Jesús tiene poder para restaurar lo que está roto. Y así ocurre: el hombre se levanta de inmediato, camina, salta y alaba a Dios.

Esta escena nos enseña que cuando confiamos en el poder de Jesús, cosas imposibles pueden suceder. También nos desafía a revisar nuestras prioridades. A veces creemos que necesitamos más recursos, más influencia o más títulos para impactar al mundo. Pero Dios busca corazones disponibles, llenos del Espíritu, que estén dispuestos a decir: “Lo que tengo, te doy.”

Recordemos que no necesitamos tenerlo todo para bendecir a otros. Lo que Dios ha puesto en nosotros, nuestra fe, nuestra oración, nuestro testimonio, puede ser instrumento de sanidad y salvación.
Demos lo que tenemos con fe, en el nombre de Jesús, y veremos cómo Él sigue haciendo milagros.

Dios les bendiga abundantemente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario