UN MOMENTO CON DIOS
De lo que tengo te doy
“Pero Pedro le dijo: «Yo no tengo plata ni oro para ti, pero te daré lo que tengo. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y camina!». (Hechos 3. 6)
En Hechos 3. 6 encontramos uno
de los momentos más poderosos de los primeros días de la Iglesia. Pedro y Juan
se dirigen al templo para orar cuando se encuentran con un hombre cojo de
nacimiento, que pedía limosna a la entrada. El mendigo esperaba unas monedas,
pero Pedro le ofrece algo mucho mayor: sanidad en el nombre de Jesús.
Pedro comienza diciendo: “No
tengo plata ni oro”. Esta frase nos confronta con una verdad clave del
Evangelio: el poder de Dios no depende de los recursos materiales. En un mundo
obsesionado con el dinero, la fama y el poder, Pedro nos recuerda que lo más
valioso no siempre es lo visible o lo tangible. La Iglesia no fue edificada con
riquezas humanas, sino con fe, oración y la presencia del Espíritu Santo.
Luego añade: “Pero lo que
tengo te doy.” Pedro no ofrece lo que no tiene. En cambio, da con generosidad
lo que sí posee: el poder de Cristo que actúa en él. Esto revela una vida
espiritual activa, en comunión con el Señor, dispuesta a actuar con fe y
obediencia. Pedro sabía que no tenía medios humanos para cambiar la situación
del hombre cojo, pero sí tenía algo mucho mejor: el nombre de Jesucristo.
“En el nombre de Jesucristo de
Nazaret, levántate y anda.” No era una fórmula mágica, sino una declaración de
autoridad espiritual. Pedro actúa bajo la convicción de que el nombre de Jesús
tiene poder para restaurar lo que está roto. Y así ocurre: el hombre se levanta
de inmediato, camina, salta y alaba a Dios.
Esta escena nos enseña que
cuando confiamos en el poder de Jesús, cosas imposibles pueden suceder. También
nos desafía a revisar nuestras prioridades. A veces creemos que necesitamos más
recursos, más influencia o más títulos para impactar al mundo. Pero Dios busca
corazones disponibles, llenos del Espíritu, que estén dispuestos a decir: “Lo
que tengo, te doy.”
Recordemos que no necesitamos
tenerlo todo para bendecir a otros. Lo que Dios ha puesto en nosotros, nuestra
fe, nuestra oración, nuestro testimonio, puede ser instrumento de sanidad y
salvación.
Demos lo que tenemos con fe, en el nombre de Jesús, y veremos cómo Él sigue
haciendo milagros.
Dios les bendiga
abundantemente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario