UN MOMENTO CON DIOS
El crecimiento viene de Dios
“Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.” (1 Corintios 3. 7)
En 1 Corintios 3. 7, el
apóstol Pablo nos ofrece una enseñanza fundamental sobre el servicio cristiano,
el propósito de la Iglesia y la actitud que deben tener quienes trabajan en la
obra del Señor. Es un llamado a la humildad y a una visión correcta de quién es
el verdadero protagonista en el crecimiento espiritual: Dios mismo.
El contexto de este versículo
es una iglesia dividida por favoritismos. Algunos decían seguir a Pablo, otros
a Apolos, creando facciones dentro del cuerpo de Cristo. Pablo, entonces,
aclara que ni él ni Apolos son más que siervos. Uno puede “plantar” (comenzar
la obra), y otro “regar” (alimentar y fortalecer esa obra), pero el crecimiento
espiritual no depende del esfuerzo humano, sino del obrar de Dios.
“Ni el que planta es algo, ni
el que riega.” Esta frase confronta directamente el orgullo ministerial. En la
obra de Dios, no se trata de quién tiene más éxito, seguidores o
reconocimiento. La verdadera eficacia no radica en la persona, sino en el Señor
que actúa a través de ella. Pablo no desprecia el trabajo humano, sino que lo
coloca en su justa perspectiva: somos instrumentos, no la fuente.
“Sino Dios, que da el
crecimiento.” Aquí está el centro del mensaje. Solo Dios puede tocar el
corazón, transformar vidas y hacer que una semilla espiritual dé fruto. Podemos
predicar, enseñar, aconsejar o servir, pero el resultado eterno pertenece a
Dios. Esta verdad libera al obrero cristiano de la carga del éxito humano y lo
llama a la fidelidad, no a la competencia.
Esta meditación nos invita a
examinar nuestro corazón. ¿Estamos buscando reconocimiento personal en lo que
hacemos para Dios? ¿Dependemos más de nuestras habilidades que de la guía y el
poder del Espíritu Santo? También nos recuerda a no desanimarnos si no vemos
resultados inmediatos. Nuestra tarea es sembrar y regar con fe; el crecimiento
llegará en el tiempo y manera que Dios determine.
Sea cual sea nuestra función
en la Iglesia o en el Reino de Dios, recordemos: somos colaboradores, pero el
crecimiento viene de lo alto. Sembremos con amor, reguemos con oración, y confiemos
en el Señor que hace florecer lo que ha sido sembrado en su nombre.
A Él sea toda la gloria, porque solo Dios da el crecimiento.
Dios les bendiga
abundantemente.

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