jueves, 18 de septiembre de 2025

Un momento... El crecimiento viene de Dios

 


UN MOMENTO CON DIOS

El crecimiento viene de Dios

 

 “Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.” (1 Corintios 3. 7)

 

En 1 Corintios 3. 7, el apóstol Pablo nos ofrece una enseñanza fundamental sobre el servicio cristiano, el propósito de la Iglesia y la actitud que deben tener quienes trabajan en la obra del Señor. Es un llamado a la humildad y a una visión correcta de quién es el verdadero protagonista en el crecimiento espiritual: Dios mismo.

El contexto de este versículo es una iglesia dividida por favoritismos. Algunos decían seguir a Pablo, otros a Apolos, creando facciones dentro del cuerpo de Cristo. Pablo, entonces, aclara que ni él ni Apolos son más que siervos. Uno puede “plantar” (comenzar la obra), y otro “regar” (alimentar y fortalecer esa obra), pero el crecimiento espiritual no depende del esfuerzo humano, sino del obrar de Dios.

“Ni el que planta es algo, ni el que riega.” Esta frase confronta directamente el orgullo ministerial. En la obra de Dios, no se trata de quién tiene más éxito, seguidores o reconocimiento. La verdadera eficacia no radica en la persona, sino en el Señor que actúa a través de ella. Pablo no desprecia el trabajo humano, sino que lo coloca en su justa perspectiva: somos instrumentos, no la fuente.

“Sino Dios, que da el crecimiento.” Aquí está el centro del mensaje. Solo Dios puede tocar el corazón, transformar vidas y hacer que una semilla espiritual dé fruto. Podemos predicar, enseñar, aconsejar o servir, pero el resultado eterno pertenece a Dios. Esta verdad libera al obrero cristiano de la carga del éxito humano y lo llama a la fidelidad, no a la competencia.

Esta meditación nos invita a examinar nuestro corazón. ¿Estamos buscando reconocimiento personal en lo que hacemos para Dios? ¿Dependemos más de nuestras habilidades que de la guía y el poder del Espíritu Santo? También nos recuerda a no desanimarnos si no vemos resultados inmediatos. Nuestra tarea es sembrar y regar con fe; el crecimiento llegará en el tiempo y manera que Dios determine.

Sea cual sea nuestra función en la Iglesia o en el Reino de Dios, recordemos: somos colaboradores, pero el crecimiento viene de lo alto. Sembremos con amor, reguemos con oración, y confiemos en el Señor que hace florecer lo que ha sido sembrado en su nombre.
A Él sea toda la gloria, porque solo Dios da el crecimiento.

Dios les bendiga abundantemente.

 

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