domingo, 14 de septiembre de 2025

un momento... Dios lo sabe todo

 


UN MOMENTO CON DIOS

Dios lo sabe todo

 

 “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?” (Hechos 5. 3)

 

Hechos 5. 3 nos presenta uno de los momentos más solemnes y aleccionadores en la historia de la Iglesia primitiva. Pedro confronta directamente a Ananías, un creyente que junto con su esposa Safira, decidió vender una propiedad y aparentar que entregaba todo el dinero a los apóstoles, cuando en realidad se había reservado una parte para sí mismo. La gravedad del acto no estaba en retener parte del dinero, sino en mentir al Espíritu Santo, presentándose como más generoso y devoto de lo que realmente era.

Pedro no duda en señalar la raíz del problema: “¿Por qué llenó Satanás tu corazón?” Esta frase revela que, aunque Ananías tomó la decisión voluntariamente, su corazón había sido influenciado por el enemigo. El pecado no surgió de la necesidad económica ni de la ignorancia, sino del deseo de aparentar santidad, motivado por el orgullo, la ambición y la hipocresía. Este episodio nos recuerda que el enemigo sigue buscando llenar corazones con engaño, incluso dentro de la comunidad de los creyentes.

Lo más impactante de este pasaje es la afirmación de Pedro: “has mentido al Espíritu Santo.” No fue simplemente una mentira a los apóstoles o a la comunidad, sino un engaño dirigido a Dios mismo. Aquí comprendemos que el Espíritu Santo no es una fuerza impersonal, sino una persona divina que habita en medio de la Iglesia. Mentir al Espíritu es intentar engañar a Dios, algo imposible, pero que muestra hasta qué punto puede llegar el corazón humano cuando se deja dominar por el pecado.

Esta historia no busca inspirar miedo sin propósito, sino enseñar la seriedad de la vida cristiana. En un tiempo donde la comunidad vivía con generosidad, unidad y poder espiritual, Ananías y Safira intentaron insertar una falsedad peligrosa: la apariencia de piedad sin una entrega verdadera. Y Dios, en su santidad, actuó con justicia inmediata para proteger la pureza de la Iglesia naciente.

La meditación sobre este versículo nos lleva a examinarnos con humildad: ¿hay áreas de nuestra vida donde estamos aparentando algo que no es real? ¿Estamos tratando de impresionar a otros mientras ocultamos nuestras verdaderas intenciones? La respuesta no es el temor paralizante, sino el arrepentimiento sincero y la búsqueda de integridad delante de Dios.

Dios no busca perfección sin errores, sino corazones sinceros, humildes y dispuestos a vivir en la verdad. El Espíritu Santo sigue obrando en su Iglesia, guiando, corrigiendo y santificando. Que nuestra vida sea transparente ante Él, sabiendo que no podemos engañar a Dios, pero sí podemos ser transformados por su gracia.
Vivamos, entonces, con autenticidad, sabiendo que la verdad libera, pero la mentira esclaviza y destruye.

Dios les bendiga abundantemente.

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