UN MOMENTO CON DIOS
Dios lo ve todo
“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (Hebreos 4. 13)
Este versículo nos confronta
con una verdad profunda y a la vez liberadora: nada está oculto ante Dios. En
un mundo donde las apariencias pueden engañar y donde es fácil esconder
intenciones detrás de palabras o gestos, la Palabra nos recuerda que ante el
Señor todo queda expuesto. No hay rincón del alma que Él no vea, ni pensamiento
que le sea ajeno.
La imagen es poderosa:
“desnudas y abiertas” sugiere no solo visibilidad, sino vulnerabilidad. Como un
sacrificio examinado antes de ser ofrecido, así somos nosotros ante el Dios
vivo. No se trata de un Dios distante que observa desde lejos, sino de uno que
escudriña con amor, que conoce nuestras luchas, nuestras motivaciones, nuestras
heridas más profundas.
Este conocimiento total no es
para condenación, sino para redención. Dios no nos expone para avergonzarnos,
sino para sanarnos. Su mirada no es la de un juez severo que busca fallas, sino
la de un Padre que anhela restaurar. Pero para que eso ocurra, debemos dejar de
escondernos. Como Adán en el Edén, muchas veces corremos a cubrirnos cuando
fallamos. Sin embargo, la gracia comienza cuando dejamos de huir y nos
presentamos tal como somos.
Hebreos 4. 13 también nos
recuerda que daremos cuenta. No como amenaza, sino como llamado a vivir con
propósito, integridad y reverencia. Cada decisión, cada palabra, cada omisión
tiene peso eterno. Vivir a la luz de esta verdad nos libera del temor a los
hombres y nos enfoca en agradar a Aquel que ve el corazón.
Esta meditación nos invita a
cultivar una vida sin doblez, donde lo que somos en lo íntimo refleje lo que
proclamamos en lo público. A vivir conscientes de la mirada de Dios, no como
carga, sino como guía. Su presencia constante es nuestro refugio y también
nuestro llamado a la autenticidad.
Dios les bendiga
abundantemente.

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