lunes, 15 de septiembre de 2025

Un momento... Cuando Dios interviene

 


UN MOMENTO CON DIOS

Cuando Dios interviene

 

 “Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la Pascua.” (Hechos 12. 4)

 

Este versículo forma parte del relato del encarcelamiento del apóstol Pedro por orden del rey Herodes Agripa I. El contexto revela una situación de persecución creciente contra la Iglesia primitiva, especialmente contra sus líderes. Hechos 12. 4 muestra cómo Herodes, buscando el favor del pueblo judío, arresta a Pedro con la intención de presentarlo públicamente después de la Pascua, muy probablemente para ejecutarlo, como ya había hecho con el apóstol Jacobo.

Lo que destaca aquí es el grado de seguridad y control que Herodes impone sobre Pedro. Cuatro grupos de cuatro soldados, dieciséis en total, son asignados para custodiar a un solo hombre. Esta exagerada vigilancia demuestra que Herodes temía un escape sobrenatural o un intento de rescate. Quizá recordaba cómo en Hechos 5, Pedro ya había sido liberado milagrosamente por un ángel.

Humanamente hablando, todo parecía perdido. Pedro estaba en la cárcel, encadenado, vigilado y sentenciado. Pero el plan de Dios no estaba detenido. Aunque el versículo no lo menciona directamente, el siguiente versículo (Hechos 12. 5) revela una verdad poderosa: “Pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.” Aquí se nos recuerda que cuando los recursos humanos se acaban, la oración tiene poder para mover el cielo y cambiar las circunstancias más imposibles.

Esta meditación nos habla de fe en medio de la opresión. Muchos creyentes hoy viven bajo gobiernos hostiles o situaciones de injusticia. El ejemplo de Pedro nos recuerda que Dios no está ausente cuando el mal parece avanzar. Él ve, escucha y actúa en su tiempo perfecto. Herodes pensaba que tenía el control, pero Dios tenía preparado un milagro.

También vemos que la fidelidad puede costar persecución. Pedro no estaba encarcelado por hacer el mal, sino por predicar el Evangelio. Sin embargo, Dios estaba con él en la cárcel, como lo estuvo con José, Daniel y Pablo.

Si nos sentimos atados por circunstancias difíciles, recordemos que ninguna cadena humana puede impedir el obrar de Dios. Él sigue abriendo puertas, derribando muros y respondiendo a la oración ferviente de su pueblo.
Confía en Él, incluso cuando todo parezca perdido. Porque cuando Dios decide intervenir, ni siquiera dieciséis soldados pueden impedir su voluntad.

Dios les bendiga abundantemente.

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