UN MOMENTO CON DIOS
Cuando Dios interviene
“Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la Pascua.” (Hechos 12. 4)
Este versículo forma parte del
relato del encarcelamiento del apóstol Pedro por orden del rey Herodes Agripa
I. El contexto revela una situación de persecución creciente contra la Iglesia
primitiva, especialmente contra sus líderes. Hechos 12. 4 muestra cómo Herodes,
buscando el favor del pueblo judío, arresta a Pedro con la intención de
presentarlo públicamente después de la Pascua, muy probablemente para
ejecutarlo, como ya había hecho con el apóstol Jacobo.
Lo que destaca aquí es el
grado de seguridad y control que Herodes impone sobre Pedro. Cuatro grupos de
cuatro soldados, dieciséis en total, son asignados para custodiar a un solo
hombre. Esta exagerada vigilancia demuestra que Herodes temía un escape
sobrenatural o un intento de rescate. Quizá recordaba cómo en Hechos 5, Pedro
ya había sido liberado milagrosamente por un ángel.
Humanamente hablando, todo
parecía perdido. Pedro estaba en la cárcel, encadenado, vigilado y sentenciado.
Pero el plan de Dios no estaba detenido. Aunque el versículo no lo menciona
directamente, el siguiente versículo (Hechos 12. 5) revela una verdad poderosa:
“Pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.” Aquí se nos recuerda
que cuando los recursos humanos se acaban, la oración tiene poder para mover el
cielo y cambiar las circunstancias más imposibles.
Esta meditación nos habla de
fe en medio de la opresión. Muchos creyentes hoy viven bajo gobiernos hostiles
o situaciones de injusticia. El ejemplo de Pedro nos recuerda que Dios no está
ausente cuando el mal parece avanzar. Él ve, escucha y actúa en su tiempo
perfecto. Herodes pensaba que tenía el control, pero Dios tenía preparado un
milagro.
También vemos que la fidelidad
puede costar persecución. Pedro no estaba encarcelado por hacer el mal, sino
por predicar el Evangelio. Sin embargo, Dios estaba con él en la cárcel, como
lo estuvo con José, Daniel y Pablo.
Si nos sentimos atados por
circunstancias difíciles, recordemos que ninguna cadena humana puede impedir el
obrar de Dios. Él sigue abriendo puertas, derribando muros y respondiendo a la
oración ferviente de su pueblo.
Confía en Él, incluso cuando todo parezca perdido. Porque cuando Dios decide
intervenir, ni siquiera dieciséis soldados pueden impedir su voluntad.
Dios les bendiga
abundantemente.

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