UN MOMENTO CON DIOS
El cristiano y los
gobiernos injustos
“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.” (Romanos 13. 1)
Ha sido, a lo largo del
tiempo, uno de los versículos más debatidos respecto a la relación entre los
cristianos y los gobiernos.
Este mandato parece claro: los
creyentes deben respetar y someterse a las autoridades civiles. Pero ¿cómo
interpretar este pasaje cuando los gobiernos son injustos, corruptos o incluso
opresores? ¿Acaso significa que Dios aprueba todo lo que hacen los gobernantes?
¿O que los cristianos deben guardar silencio ante la injusticia?
Para entender este versículo
correctamente, es esencial mirar el contexto bíblico general. La Biblia afirma
que Dios es soberano y permite que existan gobiernos con el propósito de
mantener el orden y promover la justicia (Romanos 13. 3 - 4).
Sin embargo, también
encontramos ejemplos claros en la Escritura de hombres y mujeres de fe que
desobedecieron mandatos humanos cuando iban en contra de la voluntad de Dios:
las parteras hebreas que no mataron a los bebés en Egipto (Éxodo 1), Daniel que
oró a Dios a pesar del edicto real (Daniel 6), y los apóstoles que dijeron “Es
necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5. 29)
Por lo tanto, Romanos 13. 1 no
enseña una obediencia ciega o pasiva. Enseña respeto al principio de autoridad,
pero no justifica la injusticia. El texto no da carta blanca a los gobernantes
para hacer lo que quieran, ni impide a los cristianos discernir o denunciar el
mal. Dios establece el orden, pero no aprueba la tiranía.
La clave está en mantener una
actitud de respeto, aun cuando se resista lo injusto. El cristiano está llamado
a ser luz en medio de un mundo caído, y eso implica hablar la verdad, practicar
la justicia, y también orar por las autoridades (1 Timoteo 2. 1 - 2), sin caer
en la violencia ni el odio.
En tiempos de confusión o
corrupción gubernamental, recordemos que nuestra lealtad final es al Reino de
Dios, y que toda autoridad humana es temporal. Mientras vivamos en este mundo,
somos ciudadanos responsables, pero nuestra esperanza está en el gobierno justo
y eterno de Cristo.
Dios les bendiga
abundantemente.

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