sábado, 6 de septiembre de 2025

un momento... El cristiano y los gobiernos injustos

 


UN MOMENTO CON DIOS

El cristiano y los gobiernos injustos

 

 “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.” (Romanos 13. 1)

 

Ha sido, a lo largo del tiempo, uno de los versículos más debatidos respecto a la relación entre los cristianos y los gobiernos.

Este mandato parece claro: los creyentes deben respetar y someterse a las autoridades civiles. Pero ¿cómo interpretar este pasaje cuando los gobiernos son injustos, corruptos o incluso opresores? ¿Acaso significa que Dios aprueba todo lo que hacen los gobernantes? ¿O que los cristianos deben guardar silencio ante la injusticia?

Para entender este versículo correctamente, es esencial mirar el contexto bíblico general. La Biblia afirma que Dios es soberano y permite que existan gobiernos con el propósito de mantener el orden y promover la justicia (Romanos 13. 3 - 4).

Sin embargo, también encontramos ejemplos claros en la Escritura de hombres y mujeres de fe que desobedecieron mandatos humanos cuando iban en contra de la voluntad de Dios: las parteras hebreas que no mataron a los bebés en Egipto (Éxodo 1), Daniel que oró a Dios a pesar del edicto real (Daniel 6), y los apóstoles que dijeron “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5. 29)

Por lo tanto, Romanos 13. 1 no enseña una obediencia ciega o pasiva. Enseña respeto al principio de autoridad, pero no justifica la injusticia. El texto no da carta blanca a los gobernantes para hacer lo que quieran, ni impide a los cristianos discernir o denunciar el mal. Dios establece el orden, pero no aprueba la tiranía.

La clave está en mantener una actitud de respeto, aun cuando se resista lo injusto. El cristiano está llamado a ser luz en medio de un mundo caído, y eso implica hablar la verdad, practicar la justicia, y también orar por las autoridades (1 Timoteo 2. 1 - 2), sin caer en la violencia ni el odio.

En tiempos de confusión o corrupción gubernamental, recordemos que nuestra lealtad final es al Reino de Dios, y que toda autoridad humana es temporal. Mientras vivamos en este mundo, somos ciudadanos responsables, pero nuestra esperanza está en el gobierno justo y eterno de Cristo.

Dios les bendiga abundantemente.

 

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