UN MOMENTO CON DIOS
Siempre hagamos el bien
“Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.” (1 Tesalonicenses 5. 15)
El apóstol Pablo, en 1
Tesalonicenses 5. 15, nos entrega un principio esencial del carácter cristiano:
la no represalia y la búsqueda activa del bien, no solo dentro de la comunidad
de fe, sino también hacia todas las personas. En un mundo donde la venganza es
considerada natural y hasta justificable, este mandamiento resuena como una
llamada al amor genuino y al testimonio visible del Reino de Dios.
“Mirad que ninguno pague a
otro mal por mal” nos invita a vivir con vigilancia espiritual. La palabra
“mirad” implica atención, cuidado, como si Pablo dijera: “Estén alertas para no
caer en esta trampa”. Cuando alguien nos hiere, lo más natural es devolver la
ofensa. Pero el evangelio de Cristo nos propone un camino más elevado: no
responder con la misma moneda, sino con gracia. La venganza no produce
justicia, solo alimenta el ciclo del odio.
Jesús mismo enseñó este principio
en el Sermón del Monte: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os
aborrecen…” (Mateo 5. 44). Esta actitud no es debilidad, sino fuerza
espiritual. Perdonar y hacer el bien cuando se ha recibido el mal requiere una
fortaleza que solo el Espíritu Santo puede dar.
La segunda parte del versículo
nos orienta hacia una actitud activa: “Antes seguid siempre lo bueno unos para
con otros, y para con todos.” No basta con evitar la venganza; el creyente está
llamado a buscar y practicar el bien continuamente, tanto con los hermanos en
la fe como con los que están fuera de la comunidad cristiana. Esta insistencia
en “siempre” y “para con todos” revela que la bondad no debe tener límites ni
condiciones.
Esta reflexión nos desafía a
preguntarnos: ¿cómo respondemos cuando somos tratados injustamente? ¿Guardamos
rencor, buscamos venganza o dejamos lugar a la obra de Dios en nuestras
emociones? ¿Estamos buscando hacer el bien de manera intencional, incluso hacia
quienes no lo merecen?
Dios nos llama a reflejar el
carácter de Cristo, quien no respondió con mal a sus enemigos, sino que oró por
ellos desde la cruz. Hoy, podemos elegir romper el ciclo del mal con el bien, y
ser instrumentos de paz, misericordia y restauración.
Hagamos el bien, aun cuando no
lo recibamos a cambio. En eso se muestra el poder del Evangelio en nuestra
vida.
Dios les bendiga
abundantemente.

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