UN MOMENTO CON DIOS
Dios conoce a los suyos
“Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.” (2 Timoteo 2. 19)
En medio de un mundo lleno de
confusión, falsas doctrinas y aparentes contradicciones, el apóstol Pablo
afirma una verdad firme y esperanzadora: “El fundamento de Dios está firme.”
Esta declaración es una roca sólida en la que podemos descansar. Nada de lo que
sucede en el mundo, ni la corrupción dentro de la iglesia, ni el avance del
mal, pueden alterar el plan eterno de Dios. Él sigue reinando, y su obra se
sostiene con absoluta seguridad.
Pablo escribe esto en el
contexto de advertencias sobre maestros que estaban desviando a algunos
creyentes con doctrinas erróneas. Frente a esto, recuerda que hay algo que
permanece inalterable: el fundamento de Dios, que es Cristo mismo y la verdad
de su Palabra. Este fundamento tiene un sello, una marca de autenticidad que
incluye dos aspectos clave.
Primero: “Conoce el Señor a
los que son suyos.” Esta es una declaración de seguridad y consuelo. Dios
conoce personalmente a cada uno de los que le pertenecen. No hay confusión para
Él. Aunque algunos puedan aparentar ser creyentes o ministros, el Señor
distingue a los suyos con claridad absoluta. Esta verdad nos da paz: no estamos
perdidos en una multitud, sino identificados, amados y guardados por Dios.
Segundo: “Apártese de
iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.” Esta es la otra cara del
sello. Si Dios conoce a los suyos, entonces los que se llaman cristianos deben
vivir como tales, apartándose del pecado. Invocar a Cristo no es solo una
cuestión de palabras o emociones, sino de obediencia. El llamado a la santidad
no es opcional para el creyente, es evidencia de pertenencia genuina.
Esta reflexión nos lleva a
examinar nuestro corazón. ¿Vivimos como quienes somos conocidos por Dios? ¿O
estamos mezclando nuestra fe con la injusticia? En tiempos de confusión
espiritual, donde muchos usan el nombre de Cristo sin vivir conforme a sus
enseñanzas, la verdadera identidad cristiana se demuestra por una vida separada
del pecado y dedicada a Dios.
El fundamento de Dios está
firme. No temamos por la verdad, ni por la Iglesia verdadera. Pero asegurémonos
de estar sobre ese fundamento, y de llevar el sello de Dios no solo en nuestras
palabras, sino en nuestra vida.
Dios conoce a los suyos, y los
suyos lo demuestran apartándose de la iniquidad. Que seamos hallados fieles en
ambos aspectos.
Dios les bendiga
abundantemente.

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