UN MOMENTO CON DIOS
Crecer en Cristo
“Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios…” (Hebreos 6. 1)
Hebreos 6. 1 es un llamado
claro y firme al crecimiento espiritual. El autor de Hebreos exhorta a sus
lectores a no quedarse estancados en los principios básicos de la fe cristiana,
sino a avanzar hacia la madurez. Es una invitación a ir más allá del inicio del
camino, sin despreciarlo, pero entendiendo que la vida cristiana no debe quedar
atrapada en una repetición constante de los fundamentos, sino que debe
desarrollarse, profundizarse y dar fruto.
Cuando dice “dejando ya los
rudimentos de la doctrina de Cristo”, no se refiere a abandonar esas verdades,
sino a superar una etapa inicial, como quien deja la escuela primaria no porque
la desprecie, sino porque es necesario avanzar hacia niveles mayores de
aprendizaje. Esos “rudimentos” incluyen verdades esenciales como el
arrepentimiento, la fe, el bautismo, la resurrección y el juicio eterno. Son
importantes y verdaderos, pero no deben ser el único alimento espiritual.
“Vamos adelante a la
perfección” implica avanzar hacia la madurez cristiana. No se trata de
perfección sin pecado, sino de una vida sólida, estable, y plenamente entregada
al Señor. Dios desea que cada creyente crezca, que deje la inmadurez
espiritual, y que camine con firmeza, convicción y sabiduría. Una fe madura no
depende de emociones momentáneas, sino de una relación constante con Cristo, del
conocimiento de Su Palabra, y de una obediencia diaria.
El versículo también señala la
importancia de no “echar otra vez el fundamento”, es decir, no volver a empezar
continuamente como si nunca hubiéramos crecido. Muchos cristianos viven en
ciclos espirituales repetitivos: caen, se levantan, comienzan de nuevo, pero
nunca edifican una vida cristiana robusta sobre el fundamento que ya fue
puesto: Jesucristo.
Esta reflexión nos desafía a
evaluar nuestro caminar. ¿Estamos avanzando hacia la madurez espiritual, o
seguimos atrapados en los mismos problemas y dudas de siempre? ¿Buscamos
conocer más profundamente a Cristo y vivir conforme a Su voluntad, o nos
conformamos con una fe superficial?
Dios nos llama a crecer. No nos
conformemos con el inicio del camino. Si ya hemos creído en Cristo, si ya tenemos
el fundamento, entonces edifiquemos sobre Él una vida fuerte, llena del
conocimiento de Dios, del fruto del Espíritu y del deseo de avanzar.
Vamos adelante, no
retrocedamos. La madurez es el propósito de Dios para cada uno de nosotros.
Dios les bendiga
abundantemente.

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