UN MOMENTO CON DIOS
Obediencia completa
EL pasaje de Éxodo 40.16 - 38 no es solo el cierre de un libro; es el clímax de la redención. Después de siglos de esclavitud en Egipto, Israel no solo es libre, sino que ahora tiene al Creador del universo habitando en medio de Su pueblo.
El texto repite una y otra vez
la frase: "como Jehová lo había mandado".
Moisés no improvisó. Colocó el Arca, la mesa,
el candelero y el altar siguiendo el diseño divino hasta el último detalle.
Muchas veces queremos la
bendición de Dios, pero bajo nuestros propios términos. La obediencia a medias
es desobediencia. Moisés entendió que para que la gloria de Dios descendiera,
el tabernáculo debía reflejar fielmente el plano celestial.
El versículo 33 dice:
"Así acabó Moisés la obra". Hay un paralelismo hermoso con el
Génesis; así como Dios terminó la creación, Moisés terminó el santuario. En el
Nuevo Testamento, Jesús también exclamó: "Consumado es".
Dios es un Dios que termina lo
que empieza. Si Él ha comenzado una obra de santificación en ti, no la dejará a
medias. La culminación del Tabernáculo nos recuerda que Dios provee los
recursos y la fuerza para finalizar las tareas que nos encomienda.
Cuando la obediencia fue
completa, la nube cubrió el tabernáculo y la gloria de Jehová lo llenó. Fue tan
impactante que ni siquiera Moisés podía entrar. La presencia de Dios no era
solo una idea abstracta; era una realidad física y visible.
El propósito final de nuestra
obediencia no es el cumplimiento de reglas, sino la manifestación de Su
presencia. Fuimos creados para ser portadores de Su gloria. Hoy, bajo el Nuevo
Pacto, somos el templo del Espíritu Santo.
Dios no solo los visitó; se
quedó para guiarlos. Israel no tenía que adivinar el camino; solo tenían que
mirar hacia el Tabernáculo.
Qué descanso da saber que no
caminamos solos. La presencia de Dios es nuestra brújula. Si la nube se mueve,
nos movemos; si se detiene, descansamos en Su soberanía.
Dios les bendiga
abundantemente.

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