UN MOMENTO CON DIOS
El Dios que abre camino
Deuteronomio 2. 26 - 37
En el capítulo 2 de Deuteronomio, encontramos al pueblo de Israel en un momento de transición crítica. Tras años de dar vueltas por el desierto, Dios finalmente les da una orden clara: "Levantaos, partid y pasad el arroyo de Arnón" (v. 24). Pero el camino no estaba despejado; se interponía Sehón, rey de Hesbón, un obstáculo que parecía insuperable.
Este pasaje no es solo una
crónica de guerra antigua; es un mapa espiritual sobre cómo Dios gestiona
nuestras batallas y vence a nuestros enemigos.
Antes de que Israel lanzara la
primera flecha, Dios ya había entregado a Sehón en sus manos. Dice el versículo
24: "Mira, he entregado en tu mano a Sehón... comienza a tomar posesión de
ella, y entra en guerra con él".
A menudo, nos desgastamos
tratando de "convencer" a Dios de que nos ayude a ganar, cuando la
realidad bíblica es que Él es quien nos invita a Su victoria. Nuestra
responsabilidad no es fabricar el triunfo, sino caminar en la obediencia
necesaria para reclamar lo que Él ya ha decretado en el ámbito espiritual.
Un detalle intrigante en el
versículo 30 es que Dios "endureció el espíritu" de Sehón para que no
dejara pasar a Israel. Esto nos enseña una verdad profunda: Incluso la
resistencia de nuestros enemigos está bajo la soberanía de Dios.
A veces, cuando un problema se
pone "más difícil" o alguien se cierra por completo a ayudarnos, no
es necesariamente una señal de derrota. Puede ser que Dios esté preparando el
escenario para una victoria total y definitiva, donde no quede duda de que fue
Su mano la que operó y no nuestra diplomacia humana.
El resultado de confiar en el
tiempo y la estrategia de Dios fue una victoria absoluta. Israel no solo
sobrevivió al encuentro, sino que tomó posesión de la tierra.
Dios no solo quiere que
"aguantemos" a nuestros enemigos (ya sean deudas, enfermedades,
conflictos familiares o gigantes espirituales); Él quiere que poseamos el
territorio que ese enemigo estaba ocupando. Donde antes había miedo, Dios
quiere establecer Su paz.
No nos adelantemos, ni nos
atrasemos, Israel tuvo que esperar la orden divina para pelear.
No temamos al "No":
Si las puertas se cierran (como Sehón cerró el paso), confiemos en que Dios
está forzando un desenlace a nuestro favor.
Caminemos en fe, la victoria
se manifestó cuando Israel se puso en marcha.
Dios no ha cambiado. El mismo
Dios que entregó a Sehón es el que hoy pelea por nosotros. Nuestra parte es
levantarnos, cruzar el arroyo y confiar en que el Señor ya ha inclinado la
balanza a nuestro favor.
Dios les bendiga
abundantemente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario