miércoles, 4 de febrero de 2026

Un momento... El peligro del fuego extraño

 


UN MOMENTO CON DIOS

El Peligro del Fuego Extraño

 

«Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó.»  (Levítico 10. 1)

 

La historia de Nadab y Abiú es uno de los episodios más sobrios y directos de las Escrituras. En un momento de aparente celebración por la inauguración del sacerdocio, estos dos hombres, quienes habían visto la gloria de Dios de cerca decidieron presentar un "fuego extraño". La respuesta fue inmediata: fuego salió de la presencia de Dios y los consumió.

El pecado de los hijos de Aarón no fue el ateísmo, sino la presunción. Ellos no estaban adorando a otro dios; estaban adorando al Dios verdadero, pero a su propia manera. A menudo, caemos en el error de creer que nuestras buenas intenciones pueden sustituir las instrucciones claras de Dios. El "fuego extraño" representa cualquier esfuerzo humano que intenta reemplazar la voluntad revelada de Dios por la comodidad, la creatividad mal enfocada o la autosuficiencia.

El versículo 3 contiene una de las verdades más solemnes de la Biblia: «En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado». Dios nos enseña aquí que la cercanía a Él no otorga privilegios para la desobediencia, sino que aumenta nuestra responsabilidad. Cuanto más cerca estamos del altar, más cuidado debemos tener con el estado de nuestro corazón. Dios no es un objeto que podamos manipular a nuestro antojo; Él es un fuego consumidor que exige reverencia.

En nuestra vida espiritual, podemos intentar encender "fuegos" propios: entusiasmo emocional sin base bíblica, activismo religioso para ser vistos, o rituales vacíos que carecen de obediencia real. El fuego que Dios acepta es aquel que Él mismo ha encendido a través de Su Espíritu y Su Palabra. Cualquier otra llama, por brillante que parezca, es extraña ante Su presencia.

¿Estamos ofreciendo a Dios lo que Él nos ha pedido, o lo que a nosotros nos parece más fácil o llamativo? La verdadera adoración no se trata de nuestra "autenticidad" entendida como hacer lo que sentimos, sino de nuestra fidelidad a Quien nos llamó. Hoy es un día para apagar cualquier "fuego extraño" de orgullo o desobediencia y permitir que sea la santidad de Dios la que guíe nuestro servicio.

Dios les bendiga abundantemente.

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