UN MOMENTO CON DIOS
La Integridad ante el Dios de
la Verdad
«Si alguien peca y comete una falta contra el Señor al engañar a su prójimo... ya sea por robo o por haber extorsionado a su prójimo... deberá restituir íntegramente lo que defraudó». (Levítico 6.1 – 5) (Paráfrasis)
A menudo cometemos el error de
separar nuestra vida espiritual de nuestra vida ética o financiera. Pensamos
que lo que hacemos en el mercado, en la oficina o en los negocios no tiene nada
que ver con nuestra adoración en el templo. Sin embargo, Levítico 6 rompe esa
división de manera radical.
El texto comienza con una
declaración asombrosa: si alguien engaña a su prójimo en un depósito, en un
robo o en una extorsión, está cometiendo una «falta contra el Señor». Dios se
toma el fraude de manera personal. ¿Por qué? Porque cada ser humano es imagen
de Dios. Cuando engañamos a alguien para obtener una ganancia injusta, estamos
despreciando la soberanía de Dios como nuestro Proveedor y estamos pisoteando
la dignidad de nuestro hermano. Para Dios, no existe tal cosa como un
"pecado financiero" que no sea también un pecado espiritual.
El pasaje detalla varias
formas de falta de integridad: negar un depósito, retener algo perdido o usar
el juramento en falso. El engaño suele nacer de la codicia y del miedo. Creemos
que, para prosperar, necesitamos una "ventaja" aunque sea deshonesta.
Pero el fraude es como un veneno que corroe el alma de quien lo practica;
construye una casa sobre arena que, tarde o temprano, se derrumbará ante la
justicia divina.
Dios no se conforma con una
disculpa vacía. Levítico 6. 5 exige que el defraudador devuelva el total de lo
robado y añada una quinta parte adicional. El arrepentimiento bíblico es
práctico. No basta con decir "lo siento" en la oración dominical; la
santidad exige que arreglemos las cuentas con aquellos a quienes hemos
perjudicado. La restitución es la prueba de que valoramos más nuestra
integridad y nuestra relación con Dios que el dinero mal habido.
La honestidad es una de las
formas más altas de adoración. Hoy, el mundo busca atajos y promueve la viveza
criolla o el engaño sutil para "salir adelante". Como hijos de Dios,
nuestra llamada es distinta. Nuestra palabra debe ser firme y nuestro trato,
justo.
¿Hay algún asunto pendiente en
nuestras finanzas que requieran corrección? La paz de una conciencia limpia
vale mucho más que cualquier tesoro acumulado mediante el engaño.
Dios les bendiga
abundantemente.

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