sábado, 14 de febrero de 2026

Un momento... La integridad del corazón

 


UN MOMENTO CON DIOS

La integridad del corazón

 

"Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Si la mujer de alguno se descarriare y le fuere infiel..." (Números 5. 11 - 12)

 

Números 5 presenta uno de los rituales más inusuales del Antiguo Testamento: la ley sobre los celos. Cuando un esposo sospechaba de la infidelidad de su mujer, pero no tenía pruebas ni testigos, debía llevarla ante el sacerdote para un juicio divino. Este proceso, que involucraba el "agua amarga", buscaba sacar a la luz la verdad oculta.

A primera vista, este pasaje puede parecer extraño a nuestra sensibilidad moderna, pero encierra una verdad espiritual profunda: Dios no es indiferente a lo que sucede en lo secreto de un matrimonio. Para Dios, la infidelidad no es solo un error social o legal; es una ruptura de un pacto sagrado que Él mismo presencia.

El ritual del agua amarga tenía un propósito dual:

Protección para la inocente: En una cultura donde una sospecha podía destruir la vida de una mujer, este ritual permitía que Dios mismo confirmara su inocencia, restaurando su honor y su paz.

Juicio para la impureza: Si había pecado oculto, la consecuencia física era inmediata y evidente. Dios recordaba a Su pueblo que "nada hay oculto que no haya de ser descubierto".

Hoy, bajo la gracia, no practicamos este ritual, pero el principio permanece: el pecado oculto carcome el alma y la relación. La infidelidad comienza mucho antes del acto físico; comienza en la mente y en el descuido de la comunión con Dios y con el cónyuge.

En el Nuevo Testamento, Pablo nos enseña que el matrimonio es un misterio que representa la relación entre Cristo y la Iglesia (Efesios 5). Por lo tanto, la fidelidad matrimonial no es solo una regla ética, sino un acto de adoración. Ser fieles a nuestra pareja es una forma de modelar la fidelidad inquebrantable que Dios tiene con nosotros.

Cuando hay "espíritu de celos" o sospecha, la paz del hogar se esfuma. Dios desea que nuestras relaciones operen en la luz. La honestidad radical y el arrepentimiento genuino son las herramientas que Dios nos da hoy para sanar las grietas antes de que se conviertan en abismos.

¿Hay algo en nuestra vida, una amistad inapropiada, un pensamiento recurrente o un secreto, que estemos ocultando de nuestro cónyuge o de Dios? La santidad en el matrimonio requiere una vigilancia constante del corazón. No esperemos a que "el agua se vuelva amarga"; busquemos la transparencia. La bendición de Dios reposa donde hay verdad.

Dios les bendiga abundantemente.

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