UN MOMENTO CON DIOS
La integridad del corazón
"Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Si la mujer de alguno se descarriare y le fuere infiel..." (Números 5. 11 - 12)
Números 5 presenta uno de los
rituales más inusuales del Antiguo Testamento: la ley sobre los celos. Cuando
un esposo sospechaba de la infidelidad de su mujer, pero no tenía pruebas ni
testigos, debía llevarla ante el sacerdote para un juicio divino. Este proceso,
que involucraba el "agua amarga", buscaba sacar a la luz la verdad
oculta.
A primera vista, este pasaje
puede parecer extraño a nuestra sensibilidad moderna, pero encierra una verdad
espiritual profunda: Dios no es indiferente a lo que sucede en lo secreto de un
matrimonio. Para Dios, la infidelidad no es solo un error social o legal; es
una ruptura de un pacto sagrado que Él mismo presencia.
El ritual del agua amarga
tenía un propósito dual:
Protección para la inocente:
En una cultura donde una sospecha podía destruir la vida de una mujer, este
ritual permitía que Dios mismo confirmara su inocencia, restaurando su honor y
su paz.
Juicio para la impureza: Si
había pecado oculto, la consecuencia física era inmediata y evidente. Dios
recordaba a Su pueblo que "nada hay oculto que no haya de ser
descubierto".
Hoy, bajo la gracia, no
practicamos este ritual, pero el principio permanece: el pecado oculto carcome
el alma y la relación. La infidelidad comienza mucho antes del acto físico;
comienza en la mente y en el descuido de la comunión con Dios y con el cónyuge.
En el Nuevo Testamento, Pablo
nos enseña que el matrimonio es un misterio que representa la relación entre
Cristo y la Iglesia (Efesios 5). Por lo tanto, la fidelidad matrimonial no es
solo una regla ética, sino un acto de adoración. Ser fieles a nuestra pareja es
una forma de modelar la fidelidad inquebrantable que Dios tiene con nosotros.
Cuando hay "espíritu de
celos" o sospecha, la paz del hogar se esfuma. Dios desea que nuestras
relaciones operen en la luz. La honestidad radical y el arrepentimiento genuino
son las herramientas que Dios nos da hoy para sanar las grietas antes de que se
conviertan en abismos.
¿Hay algo en nuestra vida, una
amistad inapropiada, un pensamiento recurrente o un secreto, que estemos
ocultando de nuestro cónyuge o de Dios? La santidad en el matrimonio requiere
una vigilancia constante del corazón. No esperemos a que "el agua se
vuelva amarga"; busquemos la transparencia. La bendición de Dios reposa
donde hay verdad.
Dios les bendiga
abundantemente.

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