lunes, 9 de febrero de 2026

Un momento... La santidad no es una sugerencia

 


UN MOMENTO CON DIOS

La Santidad no es una Sugerencia

 

"Habló Jehová a Moisés, diciendo: Di a Aarón y a sus hijos que se abstengan de las cosas santas que los hijos de Israel me han dedicado, y que no profanen mi santo nombre. Yo Jehová." (Levítico 22. 1 – 2)

 

En el ajetreo de nuestra vida moderna, es fácil perder el sentido de lo sagrado. A menudo tratamos nuestra relación con Dios como una extensión de nuestras redes sociales o una transacción casual. Sin embargo, Levítico 22 nos frena en seco con un recordatorio contundente: Dios es Santo, y nuestra cercanía a Él requiere una postura de honor y separación.

En estos versículos, Dios instruye a los sacerdotes sobre el manejo de las ofrendas. No era una simple norma administrativa; era una cuestión de identidad. La palabra "abstenerse" o "separarse" implica un reconocimiento consciente de que lo que pertenece a Dios no puede ser tratado con ligereza.

El mayor riesgo para Aarón y sus hijos no era el odio a Dios, sino la familiaridad excesiva. Al estar rodeados de cosas santas todos los días, corrían el peligro de ver los sacrificios como "simple comida" o el tabernáculo como "solo su lugar de trabajo".

Nosotros enfrentamos el mismo riesgo. Podemos llegar a orar sin pensar, leer la Biblia por rutina o servir en la iglesia para ser vistos. Cuando lo sagrado se vuelve ordinario en nuestro corazón, estamos a un paso de la profanación. Profanar no siempre es un acto de maldad extrema; a veces es simplemente tratar lo especial como si fuera común.

El pasaje cierra con una declaración de peso: "Yo Jehová". Esta no es solo una firma; es el fundamento de la instrucción. Nuestra obediencia no se basa en si las reglas nos parecen lógicas o modernas, sino en el carácter de quien las dicta. Dios es el estándar de pureza, y Su nombre está ligado a la conducta de Su pueblo.

¿Hay áreas de nuestra vida espiritual que hemos dejado que se vuelvan "comunes"? La gracia de Dios nos permite acercarnos al trono con confianza, pero nunca con falta de respeto. Hoy, recuperemos el asombro. Recordemos que servimos al mismo Dios que exigía una reverencia absoluta en el desierto.

Dios les bendiga abundantemente.

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