UN MOMENTO CON DIOS
La Santidad no es una
Sugerencia
"Habló Jehová a Moisés, diciendo: Di a Aarón y a sus hijos que se abstengan de las cosas santas que los hijos de Israel me han dedicado, y que no profanen mi santo nombre. Yo Jehová." (Levítico 22. 1 – 2)
En el ajetreo de nuestra vida
moderna, es fácil perder el sentido de lo sagrado. A menudo tratamos nuestra
relación con Dios como una extensión de nuestras redes sociales o una
transacción casual. Sin embargo, Levítico 22 nos frena en seco con un
recordatorio contundente: Dios es Santo, y nuestra cercanía a Él requiere una
postura de honor y separación.
En estos versículos, Dios
instruye a los sacerdotes sobre el manejo de las ofrendas. No era una simple
norma administrativa; era una cuestión de identidad. La palabra
"abstenerse" o "separarse" implica un reconocimiento
consciente de que lo que pertenece a Dios no puede ser tratado con ligereza.
El mayor riesgo para Aarón y
sus hijos no era el odio a Dios, sino la familiaridad excesiva. Al estar
rodeados de cosas santas todos los días, corrían el peligro de ver los
sacrificios como "simple comida" o el tabernáculo como "solo su
lugar de trabajo".
Nosotros enfrentamos el mismo
riesgo. Podemos llegar a orar sin pensar, leer la Biblia por rutina o servir en
la iglesia para ser vistos. Cuando lo sagrado se vuelve ordinario en nuestro
corazón, estamos a un paso de la profanación. Profanar no siempre es un acto de
maldad extrema; a veces es simplemente tratar lo especial como si fuera común.
El pasaje cierra con una
declaración de peso: "Yo Jehová". Esta no es solo una firma; es el
fundamento de la instrucción. Nuestra obediencia no se basa en si las reglas
nos parecen lógicas o modernas, sino en el carácter de quien las dicta. Dios es
el estándar de pureza, y Su nombre está ligado a la conducta de Su pueblo.
¿Hay áreas de nuestra vida
espiritual que hemos dejado que se vuelvan "comunes"? La gracia de
Dios nos permite acercarnos al trono con confianza, pero nunca con falta de
respeto. Hoy, recuperemos el asombro. Recordemos que servimos al mismo Dios que
exigía una reverencia absoluta en el desierto.
Dios les bendiga
abundantemente.

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