domingo, 8 de febrero de 2026

Un momento... La santidad en lo cotidiano

 


UN MOMENTO CON DIOS

La Santidad en lo Cotidiano

 

Levítico 19

 

Si Levítico 16 nos hablaba del perdón a través de la expiación, el capítulo 19 nos habla de la consecuencia de ese perdón: una vida de santidad. Este capítulo es a menudo llamado "la repetición de la Ley", pues retoma los Diez Mandamientos y los aterriza en la convivencia diaria, el trabajo y la justicia social.

El capítulo abre con un imperativo que define la identidad del creyente. La santidad no es un estado místico de aislamiento, sino una conducta ética que refleja el carácter de Dios. En Levítico 19, honrar a los padres, guardar el día de reposo y evitar la idolatría (los primeros mandamientos) se entrelazan con dejar parte de la cosecha para los pobres y no engañar al prójimo.

Esto nos enseña que la espiritualidad bíblica no separa lo "sagrado" de lo "secular". Dios está tan interesado en cómo adoras en el altar como en cómo tratas a tus empleados o cómo pesas tu mercancía.

En el versículo 18 encontramos la famosa frase: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Jesucristo identificó este mandamiento como el segundo más importante, afirmando que de él depende toda la ley y los profetas.

Mientras que la ley de Moisés daba instrucciones específicas para no robar o no mentir, Cristo llevó este estándar al corazón. En el Sermón del Monte, Jesús nos muestra que no basta con no matar; el odio es pecado. No basta con no cometer adulterio; la codicia en el corazón ya quebranta la santidad.

¿Cómo podemos cumplir este estándar tan alto? Por nosotros mismos, es imposible. Aquí es donde la gracia de Cristo transforma el deber en deseo:

Cristo cumplió la ley por nosotros: Él vivió la santidad perfecta que Levítico 19 describe, siendo el único que amó a Dios y al prójimo de manera absoluta.

Cristo nos da Su Espíritu: Ahora, la ley no está escrita en tablas de piedra que nos condenan, sino en corazones de carne. El Espíritu Santo nos capacita para preferir la honestidad sobre el lucro injusto y la misericordia sobre la venganza.

La santidad hoy se ve en los detalles: en no retener el salario de quien trabaja para ti (v. 13), en no esparcir chismes (v. 16) y en honrar a los ancianos (v. 32). Ser santos es, en esencia, parecerse a Jesús en la calle, en la oficina y en el hogar.

Dios les bendiga abundantemente.

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