UN MOMENTO CON DIOS
La Santidad en lo Cotidiano
Levítico 19
Si Levítico 16 nos hablaba del perdón a través de la expiación, el capítulo 19 nos habla de la consecuencia de ese perdón: una vida de santidad. Este capítulo es a menudo llamado "la repetición de la Ley", pues retoma los Diez Mandamientos y los aterriza en la convivencia diaria, el trabajo y la justicia social.
El capítulo abre con un
imperativo que define la identidad del creyente. La santidad no es un estado
místico de aislamiento, sino una conducta ética que refleja el carácter de
Dios. En Levítico 19, honrar a los padres, guardar el día de reposo y evitar la
idolatría (los primeros mandamientos) se entrelazan con dejar parte de la
cosecha para los pobres y no engañar al prójimo.
Esto nos enseña que la
espiritualidad bíblica no separa lo "sagrado" de lo
"secular". Dios está tan interesado en cómo adoras en el altar como
en cómo tratas a tus empleados o cómo pesas tu mercancía.
En el versículo 18 encontramos
la famosa frase: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Jesucristo
identificó este mandamiento como el segundo más importante, afirmando que de él
depende toda la ley y los profetas.
Mientras que la ley de Moisés
daba instrucciones específicas para no robar o no mentir, Cristo llevó este
estándar al corazón. En el Sermón del Monte, Jesús nos muestra que no basta con
no matar; el odio es pecado. No basta con no cometer adulterio; la codicia en
el corazón ya quebranta la santidad.
¿Cómo podemos cumplir este
estándar tan alto? Por nosotros mismos, es imposible. Aquí es donde la gracia
de Cristo transforma el deber en deseo:
Cristo cumplió la ley por
nosotros: Él vivió la santidad perfecta que Levítico 19 describe, siendo el
único que amó a Dios y al prójimo de manera absoluta.
Cristo nos da Su Espíritu:
Ahora, la ley no está escrita en tablas de piedra que nos condenan, sino en
corazones de carne. El Espíritu Santo nos capacita para preferir la honestidad
sobre el lucro injusto y la misericordia sobre la venganza.
La santidad hoy se ve en los
detalles: en no retener el salario de quien trabaja para ti (v. 13), en no
esparcir chismes (v. 16) y en honrar a los ancianos (v. 32). Ser santos es, en
esencia, parecerse a Jesús en la calle, en la oficina y en el hogar.
Dios les bendiga abundantemente.

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