UN MOMENTO CON DIOS
La Lluvia a su Tiempo
"Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto." (Levítico 26. 3 - 4)
El capítulo 26 de Levítico es
uno de los discursos más poderosos de la Biblia sobre la relación entre Dios y
Su pueblo. Comienza con una condición sencilla pero profunda: "Si".
Este condicional nos recuerda que, aunque el amor de Dios es incondicional, Sus
bendiciones a menudo están ligadas a nuestra respuesta de fe y obediencia.
La obediencia en Levítico no
es una carga legalista, sino el canal por el cual fluye el favor divino. Cuando
"andamos" en Sus decretos, estamos alineando nuestra vida con el
diseño del Creador, y es en esa alineación donde encontramos verdadera prosperidad.
Dios detalla tres áreas
específicas donde Su bendición se manifiesta cuando decidimos seguir Su camino:
Provisión Sobrenatural: Dios
promete que "la tierra rendirá sus productos". No es solo el
resultado del esfuerzo humano, sino de la bendición de la tierra. Dios asegura
que la cosecha de uvas alcanzará a la siembra; un ciclo de abundancia donde
nunca falta lo necesario.
Paz y Seguridad: "Yo daré
paz en la tierra, y dormiréis sin que haya quien os espante". La verdadera
paz no es la ausencia de conflictos, sino la seguridad de que Dios guarda
nuestras fronteras y nuestro hogar mientras descansamos.
Presencia Habitable: Esta es
la mayor de todas: "Pondré mi morada en medio de vosotros". El
propósito final de obedecer a Dios no es obtener Sus "regalos", sino
disfrutar de Su Presencia. Él camina con nosotros, estableciendo una relación
donde Él es nuestro Dios y nosotros Su pueblo.
A menudo vemos la obediencia
como una restricción a nuestra libertad. Sin embargo, Levítico 26 nos muestra
que es nuestra protección. Al igual que un padre advierte a su hijo que no
toque el fuego por amor, Dios nos da Sus mandamientos para que podamos vivir en
plenitud.
La obediencia rompe el yugo de
la esclavitud. Como dice el versículo 13, Dios nos sacó de Egipto y
"rompió las coyundas de vuestro yugo" para hacernos andar con la
cabeza erguida. La santidad nos dignifica; el pecado nos oprime.
¿En qué áreas de nuestra vida
estamos intentando fabricar nuestras propias bendiciones en lugar de caminar en
obediencia? Dios promete "lluvia en su tiempo". No nos adelantemos ni
nos desesperemos. Confiemos en que, al poner por obra Su Palabra, los frutos
espirituales y materiales llegarán en la estación perfecta de Dios.
Dios les bendiga
abundantemente.

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