miércoles, 11 de febrero de 2026

Un momento... La lluvia a su tiempo

 


UN MOMENTO CON DIOS

La Lluvia a su Tiempo

 

"Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto." (Levítico 26. 3 - 4)

 

El capítulo 26 de Levítico es uno de los discursos más poderosos de la Biblia sobre la relación entre Dios y Su pueblo. Comienza con una condición sencilla pero profunda: "Si". Este condicional nos recuerda que, aunque el amor de Dios es incondicional, Sus bendiciones a menudo están ligadas a nuestra respuesta de fe y obediencia.

La obediencia en Levítico no es una carga legalista, sino el canal por el cual fluye el favor divino. Cuando "andamos" en Sus decretos, estamos alineando nuestra vida con el diseño del Creador, y es en esa alineación donde encontramos verdadera prosperidad.

Dios detalla tres áreas específicas donde Su bendición se manifiesta cuando decidimos seguir Su camino:

Provisión Sobrenatural: Dios promete que "la tierra rendirá sus productos". No es solo el resultado del esfuerzo humano, sino de la bendición de la tierra. Dios asegura que la cosecha de uvas alcanzará a la siembra; un ciclo de abundancia donde nunca falta lo necesario.

Paz y Seguridad: "Yo daré paz en la tierra, y dormiréis sin que haya quien os espante". La verdadera paz no es la ausencia de conflictos, sino la seguridad de que Dios guarda nuestras fronteras y nuestro hogar mientras descansamos.

Presencia Habitable: Esta es la mayor de todas: "Pondré mi morada en medio de vosotros". El propósito final de obedecer a Dios no es obtener Sus "regalos", sino disfrutar de Su Presencia. Él camina con nosotros, estableciendo una relación donde Él es nuestro Dios y nosotros Su pueblo.

A menudo vemos la obediencia como una restricción a nuestra libertad. Sin embargo, Levítico 26 nos muestra que es nuestra protección. Al igual que un padre advierte a su hijo que no toque el fuego por amor, Dios nos da Sus mandamientos para que podamos vivir en plenitud.

La obediencia rompe el yugo de la esclavitud. Como dice el versículo 13, Dios nos sacó de Egipto y "rompió las coyundas de vuestro yugo" para hacernos andar con la cabeza erguida. La santidad nos dignifica; el pecado nos oprime.

¿En qué áreas de nuestra vida estamos intentando fabricar nuestras propias bendiciones en lugar de caminar en obediencia? Dios promete "lluvia en su tiempo". No nos adelantemos ni nos desesperemos. Confiemos en que, al poner por obra Su Palabra, los frutos espirituales y materiales llegarán en la estación perfecta de Dios.

Dios les bendiga abundantemente.

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