viernes, 13 de febrero de 2026

Un momento... El peso de la santidad

 


UN MOMENTO CON DIOS

El peso de la santidad

 

"Esta será la tarea de los hijos de Coat en el tabernáculo de reunión: el cuidado de las cosas más sagradas." (Números 4. 4)

 

En Números 4, Dios asigna tareas específicas a las familias de la tribu de Leví. A los coatitas se les encomendó la labor más delicada y peligrosa: transportar los objetos más sagrados del Tabernáculo, incluyendo el Arca del Testimonio, la mesa del pan y el candelero de oro.

A diferencia de otras familias que usaban carretas, los coatitas debían llevar estos objetos sobre sus propios hombros. No podían tocarlos directamente, sino que los cargaban mediante varas después de que los sacerdotes los cubrieran. Esto nos enseña que el servicio a Dios no es algo que se pueda hacer a la distancia o con ligereza; requiere una cercanía personal y una reverencia absoluta.

En el contexto del Nuevo Testamento y de la iglesia actual, el sacerdocio se ha extendido a todos los creyentes (1 Pedro 2. 9). Sin embargo, la función de los coatitas resuena hoy en perfiles muy específicos:

Los Custodios de la Sana Doctrina: Así como los coatitas cuidaban el Arca (que contenía la Ley), hoy son aquellos llamados a proteger la pureza del Evangelio frente a las corrientes ideológicas. Son quienes cargan con la responsabilidad de enseñar la verdad bíblica sin "tocarla" con opiniones humanas que la contaminen.

Líderes y Servidores de "Cosas Invisibles": Los coatitas transportaban objetos que iban cubiertos; la gente veía el bulto, pero ellos sabían el peso de lo que llevaban. Hoy, son esos servidores que trabajan en el anonimato, sosteniendo la oración, la intercesión y el cuidado de las almas, tareas que no siempre son visibles pero que sostienen la presencia de Dios en la comunidad.

Cada Creyente en su Templo Corporal: Pablo dice que somos "templo del Espíritu Santo". En ese sentido, todos somos coatitas modernos. Llevamos la presencia de Dios sobre nuestros "hombros" (nuestra vida diaria) al trabajo, a la universidad y al hogar.

El servicio de los coatitas era físicamente agotador y espiritualmente exigente. Cualquier descuido podía costarles la vida. Sin embargo, era un privilegio altísimo. A menudo, servir en la iglesia o mantener una vida de integridad en un mundo secular se siente como una carga pesada. Pero debemos recordar que no cargamos un peso muerto, sino la gloria de Dios.

¿Cómo estamos tratando "las cosas sagradas" que Dios ha puesto bajo nuestro cuidado (nuestros dones, nuestra familia, nuestro testimonio)? Los coatitas nos enseñan que el servicio a Dios requiere preparación y respeto. No llevemos nuestro llamado de forma descuidada. Dios nos ha confiado Su presencia; llevémosla con la frente en alto y el corazón limpio.

Dios les bendiga abundantemente.

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