UN MOMENTO CON DIOS
El peso de la santidad
"Esta será la tarea de los hijos de Coat en el tabernáculo de reunión: el cuidado de las cosas más sagradas." (Números 4. 4)
En Números 4, Dios asigna
tareas específicas a las familias de la tribu de Leví. A los coatitas se les
encomendó la labor más delicada y peligrosa: transportar los objetos más
sagrados del Tabernáculo, incluyendo el Arca del Testimonio, la mesa del pan y
el candelero de oro.
A diferencia de otras familias
que usaban carretas, los coatitas debían llevar estos objetos sobre sus propios
hombros. No podían tocarlos directamente, sino que los cargaban mediante varas
después de que los sacerdotes los cubrieran. Esto nos enseña que el servicio a
Dios no es algo que se pueda hacer a la distancia o con ligereza; requiere una
cercanía personal y una reverencia absoluta.
En el contexto del Nuevo
Testamento y de la iglesia actual, el sacerdocio se ha extendido a todos los
creyentes (1 Pedro 2. 9). Sin embargo, la función de los coatitas resuena hoy
en perfiles muy específicos:
Los Custodios de la Sana
Doctrina: Así como los coatitas cuidaban el Arca (que contenía la Ley), hoy son
aquellos llamados a proteger la pureza del Evangelio frente a las corrientes
ideológicas. Son quienes cargan con la responsabilidad de enseñar la verdad
bíblica sin "tocarla" con opiniones humanas que la contaminen.
Líderes y Servidores de
"Cosas Invisibles": Los coatitas transportaban objetos que iban
cubiertos; la gente veía el bulto, pero ellos sabían el peso de lo que
llevaban. Hoy, son esos servidores que trabajan en el anonimato, sosteniendo la
oración, la intercesión y el cuidado de las almas, tareas que no siempre son
visibles pero que sostienen la presencia de Dios en la comunidad.
Cada Creyente en su Templo
Corporal: Pablo dice que somos "templo del Espíritu Santo". En ese
sentido, todos somos coatitas modernos. Llevamos la presencia de Dios sobre
nuestros "hombros" (nuestra vida diaria) al trabajo, a la universidad
y al hogar.
El servicio de los coatitas
era físicamente agotador y espiritualmente exigente. Cualquier descuido podía
costarles la vida. Sin embargo, era un privilegio altísimo. A menudo, servir en
la iglesia o mantener una vida de integridad en un mundo secular se siente como
una carga pesada. Pero debemos recordar que no cargamos un peso muerto, sino la
gloria de Dios.
¿Cómo estamos tratando
"las cosas sagradas" que Dios ha puesto bajo nuestro cuidado (nuestros
dones, nuestra familia, nuestro testimonio)? Los coatitas nos enseñan que el
servicio a Dios requiere preparación y respeto. No llevemos nuestro llamado de
forma descuidada. Dios nos ha confiado Su presencia; llevémosla con la frente
en alto y el corazón limpio.
Dios les bendiga
abundantemente.

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