UN MOMENTO CON DIOS
El Dios del orden y la identidad
"Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres..." (Números 1. 2)
A menudo, el libro de Números
se salta en la lectura bíblica porque parece una lista interminable de
estadísticas. Sin embargo, el capítulo 1 establece una verdad teológica
fundamental: Dios no bendice el caos, Dios bendice el orden.
El nombre del libro en hebreo
es Bemidbar, que significa "En el desierto". En medio de la nada,
donde todo parece incierto y hostil, Dios decide organizar a Su pueblo. El
censo no era un ejercicio de vanidad para Moisés, sino una estrategia divina
para dar identidad y propósito a una multitud que acababa de escapar de la esclavitud.
¿Qué significaba este conteo
para el Israelita común? Significaba tres cosas vitales:
Reconocimiento Individual: Al
contar "por sus nombres", Dios les decía que ya no eran una masa de
esclavos anónimos en Egipto. Cada hombre de más de veinte años tenía un nombre,
una familia y un lugar específico en el plan de Dios.
Preparación para la Conquista:
El censo se enfocaba en aquellos "que podían salir a la guerra". Dios
estaba formando un ejército. La vida cristiana no es un paseo por el desierto;
es un avance estratégico. Para poseer la promesa, primero hay que saber con
quién se cuenta y estar organizados.
La Centralidad de la
Presencia: Al final del capítulo, vemos que los Levitas no fueron contados con
el ejército. Su función era rodear el Tabernáculo. Esto enseñaba al pueblo que,
aunque la organización militar era necesaria, la prioridad absoluta era
proteger la santidad de la presencia de Dios en el centro del campamento.
En el Nuevo Testamento, Jesús
dice que el buen pastor "a sus ovejas llama por nombre" (Juan 10. 3).
Números 1 es el eco antiguo de esa promesa. En el vasto "desierto" de
este mundo, es fácil sentirse como una cifra estadística más o un perfil en una
base de datos. Pero para Dios, tú eres una pieza clave en Su formación.
La organización que vemos en
este capítulo nos desafía a poner orden en nuestra propia vida espiritual. Dios
quiere usarnos, pero requiere que estemos "en lista", dispuestos a
servir y ubicados en el lugar donde Él nos ha asignado.
¿Nos sentimos perdidos en la
multitud? Recordemos que Dios ordenó un censo en el desierto para que nadie se
sintiera invisible. Nuestra vida tiene un lugar específico en el
"campamento" de Dios. No somos un accidente; somos hijos amados
llamados por nombre para una misión específica.
Dios les bendiga
abundantemente.

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