UN MOMENTO CON DIOS
El Peligro de un Corazón
Dividido
La historia de Balaam, narrada principalmente en Números 22 al 24, es uno de los relatos más enigmáticos y aleccionadores de la Biblia. Balaam no era israelita, pero era un profeta que conocía la voz de Dios. Sin embargo, su historia no es una de fidelidad, sino una advertencia sobre la ambivalencia espiritual.
Cuando Balac, rey de Moab, ve
acercarse al pueblo de Israel, se llena de terror. Su estrategia no es militar,
sino espiritual: contrata a Balaam para que maldiga a Israel a cambio de
grandes riquezas.
La respuesta inicial de Balaam
fue correcta: "No iré". Pero ante una segunda oferta más tentadora,
Balaam vaciló. Aquí reside la primera lección: Balaam ya sabía la voluntad de
Dios, pero siguió preguntando con la esperanza de que Dios cambiara de opinión.
Muchas veces buscamos una "confirmación" para algo que Dios ya
prohibió, simplemente porque nuestro corazón desea la recompensa del mundo.
Uno de los momentos más
irónicos es el encuentro con el ángel y la burra. Balaam, el
"vidente" de gran renombre, está tan cegado por su codicia y su
irritación que no puede ver lo que un animal de carga percibe con claridad: la
presencia del ángel del Señor con la espada desenvainada.
La burra vio el peligro antes
que el profeta. Esto nos enseña que el pecado y la ambición nublan nuestra
percepción espiritual, haciéndonos ignorar las señales de advertencia más
evidentes.
A pesar de sus intenciones
torcidas, Dios tomó control de la lengua de Balaam. En lugar de maldiciones, de
su boca brotaron algunas de las profecías más hermosas sobre Israel y la venida
del Mesías: “Lo veré, mas no ahora; lo contemplaré, mas no de cerca; saldrá
estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel” (Números 24. 17)
Balaam entendió que no podía
manipular al Todopoderoso, pero su final fue trágico. Aunque no pudo
maldecirlos directamente, más tarde aconsejó a Balac cómo hacer caer a Israel
mediante la seducción y la idolatría (Números 31. 16) Balaam quería morir como
los justos, pero vivió como los impíos.
La vida de Balaam nos invita a
hacernos una pregunta incómoda: ¿Estamos buscando a Dios por quién es Él, o por
lo que podemos obtener de Él?
No permitamos que el
"precio adecuado" nos haga negociar nuestros valores.
Cuando Dios dice
"no", es una protección, no una limitación.
Asegurémonos de que nuestros
ojos espirituales no estén nublados por el deseo de reconocimiento o ganancia
material.
Dios les bendiga
abundantemente.

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