jueves, 19 de febrero de 2026

Un momento... La autoridad Divina

 


UN MOMENTO CON DIOS

La Autoridad Divina

 

Números 17

 

Tras la rebelión de Coré y las constantes quejas del pueblo sobre quién tenía el derecho de acercarse a Dios, el capítulo 17 de Números nos presenta una de las señales más hermosas y contundentes de las Escrituras: la vara de Aarón que floreció.

Dios, en su infinita paciencia, decide poner fin a las murmuraciones mediante una prueba de vida, no de fuerza.

Dios ordenó que cada príncipe de las tribus trajera una vara de madera seca con su nombre inscrito. Estas varas representaban la autoridad humana, el linaje y el orgullo de cada familia. Fueron colocadas en el tabernáculo, delante del Arca del Testimonio, en la presencia misma de Dios.

Es importante notar que todas las varas eran iguales: madera muerta, sin savia, sin raíces y sin esperanza de vida. Esto nos recuerda que, separados de la presencia de Dios, todos estamos en la misma condición espiritual.

Al día siguiente, ocurrió lo asombroso. Mientras las otras once varas seguían siendo palos secos, la vara de Aarón no solo había revivido, sino que había acelerado todos los procesos naturales:

Echó renuevos: Había vida nueva.

Produjo flores: Había belleza y promesa.

Produjo almendras: Había fruto maduro y nutritivo.

Este milagro no fue solo para validar a Aarón, sino para mostrarnos que la verdadera autoridad espiritual proviene de la capacidad de Dios para dar vida a lo que estaba muerto. La señal de que alguien es llamado por Dios no es su elocuencia o su poder político, sino el "fruto de almendro" que emana de su vida en la presencia del Señor.

Dios ordenó que la vara de Aarón fuera guardada dentro del Arca como un "testimonio contra los rebeldes". No era un trofeo, sino una advertencia. Cada vez que el pueblo sintiera la tentación de murmurar contra el liderazgo establecido por Dios, debían recordar que oponerse al diseño divino es oponerse a la fuente de la vida.

A menudo, nos sentimos como esas varas: secos, bajo presión y rodeados de comparaciones. Quizás sentimos que no tenemos nada que ofrecer en nuestro ministerio, trabajo o familia.

La Presencia de Dios lo cambia todo: La vara de Aarón no floreció por su propia calidad, sino por donde fue puesta. Si pasamos tiempo en la presencia de Dios, Él hará florecer áreas de nuestra vida que dábamos por muertas.

Dios puede hacer en una noche lo que a la naturaleza le toma temporadas. No nos desesperemos por el tiempo perdido; el Señor de la vida puede hacer que nuestra influencia florezca de repente cuando Su gracia nos toca.

Dios les bendiga abundantemente.

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