UN MOMENTO CON DIOS
La Autoridad Divina
Números 17
Tras la rebelión de Coré y las constantes quejas del pueblo sobre quién tenía el derecho de acercarse a Dios, el capítulo 17 de Números nos presenta una de las señales más hermosas y contundentes de las Escrituras: la vara de Aarón que floreció.
Dios, en su infinita
paciencia, decide poner fin a las murmuraciones mediante una prueba de vida, no
de fuerza.
Dios ordenó que cada príncipe
de las tribus trajera una vara de madera seca con su nombre inscrito. Estas
varas representaban la autoridad humana, el linaje y el orgullo de cada
familia. Fueron colocadas en el tabernáculo, delante del Arca del Testimonio,
en la presencia misma de Dios.
Es importante notar que todas
las varas eran iguales: madera muerta, sin savia, sin raíces y sin esperanza de
vida. Esto nos recuerda que, separados de la presencia de Dios, todos estamos
en la misma condición espiritual.
Al día siguiente, ocurrió lo
asombroso. Mientras las otras once varas seguían siendo palos secos, la vara de
Aarón no solo había revivido, sino que había acelerado todos los procesos
naturales:
Echó renuevos: Había vida
nueva.
Produjo flores: Había belleza
y promesa.
Produjo almendras: Había fruto
maduro y nutritivo.
Este milagro no fue solo para
validar a Aarón, sino para mostrarnos que la verdadera autoridad espiritual
proviene de la capacidad de Dios para dar vida a lo que estaba muerto. La señal
de que alguien es llamado por Dios no es su elocuencia o su poder político,
sino el "fruto de almendro" que emana de su vida en la presencia del
Señor.
Dios ordenó que la vara de
Aarón fuera guardada dentro del Arca como un "testimonio contra los
rebeldes". No era un trofeo, sino una advertencia. Cada vez que el pueblo
sintiera la tentación de murmurar contra el liderazgo establecido por Dios,
debían recordar que oponerse al diseño divino es oponerse a la fuente de la
vida.
A menudo, nos sentimos como
esas varas: secos, bajo presión y rodeados de comparaciones. Quizás sentimos
que no tenemos nada que ofrecer en nuestro ministerio, trabajo o familia.
La Presencia de Dios lo cambia
todo: La vara de Aarón no floreció por su propia calidad, sino por donde fue
puesta. Si pasamos tiempo en la presencia de Dios, Él hará florecer áreas de
nuestra vida que dábamos por muertas.
Dios puede hacer en una noche
lo que a la naturaleza le toma temporadas. No nos desesperemos por el tiempo
perdido; el Señor de la vida puede hacer que nuestra influencia florezca de
repente cuando Su gracia nos toca.
Dios les bendiga
abundantemente.

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