UN MOMENTO CON DIOS
Bajo la Sombra y el Fuego de
Su Presencia
El capítulo 9 de Números nos presenta un cuadro visual asombroso: desde el día en que el Tabernáculo fue erigido, una nube lo cubrió de día y una apariencia de fuego de noche. Esto no era un fenómeno meteorológico común, sino la Shekinah, la manifestación visible de la gloria de Dios habitando en medio de Su pueblo.
Para el israelita, mirar hacia
el Tabernáculo era recibir una dosis instantánea de realidad espiritual: Dios
está aquí. En nuestra vida actual, aunque no vemos una columna física, tenemos
la promesa de Jesús: "Yo estoy con vosotros todos los días" (Mateo 28.
20). El fuego en la noche nos recuerda que, en nuestros momentos más oscuros,
Su luz no deja de brillar; y la nube en el día nos habla de Su protección
contra el calor agobiante de las pruebas.
Lo más desafiante de Números 9 es la dinámica del movimiento. El texto repite con insistencia: "Al mandato de Jehová los hijos de Israel partían, y al mandato de Jehová acampaban". No importaba si la nube se detenía dos días, un mes o un año; si la nube se quedaba, ellos se quedaban. Si se movía, ellos se movían.
A menudo, nuestra mayor
frustración es la espera. Queremos avanzar cuando Dios dice "detente"
(la nube está quieta) o queremos quedarnos cómodos cuando Dios dice "avanza"
(la nube se ha levantado). La madurez espiritual consiste en alinear nuestro
ritmo con el de Dios. No se trata de nuestra velocidad, sino de nuestra
proximidad a la Presencia. Si nos movemos sin la nube, vamos solos; si nos
quedamos cuando la nube avanza, nos quedamos atrás.
Dios les bendiga
abundantemente.

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